El Reino del Boquerón

Reino del Boquerón - Paisaje

Por Elvira Frapolli Daffari 

Jefa del Departamento de Desarrollo Pesquero y Acuícola del Servicio de Desarrollo Pesquero. Delegación Territorial de Málaga de la Consejería de Agricultura, Ganadería , Pesca y Desarrollo Sostenible.

“Conservar el legado patrimonial de la pesca y el consumo de pescado en Málaga es tarea de todos”.  

Hablar de la pesca en la provincia de Málaga obliga a remontarse a los primeros asentamientos humanos de la costa malagueña, época desde la cual el hombre se vinculó al mar Mediterráneo, apareciendo dicha actividad muy tempranamente. Fenicios, griegos, y romanos desarrollaron actividades pesqueras en nuestro litoral, como lo demuestra el registro arqueológico, a través de las antiguas fábricas de salazones y “garum”. Muchas de las técnicas y artes de pesca más frecuentes hoy día en nuestro litoral, hunden sus raíces en tiempos pasados, conservando hasta nuestros días su carácter artesanal.  

Algo más cercanos en el tiempo, aún quedan entrañables recuerdos en las mentes malagueñas, donde se evocan los tipismos, siempre tan asociados a la cultura popular gastronómica. Personajes ya algo difuminados en la memoria, aunque relativamente recientes, como el cenachero, que pregonaba por nuestras calles el pescado fresco recién capturado en el rebalaje; y figuras que aún nos acompañan, como el marengo espetando sardinas, o el redero remendando serenamente las redes sentado en la arena de la playa. Aquellas jábegas que cada mañana veíamos cerca de la orilla, a lo largo de todas las playas de la costa, capturando sardinas, boquerones, chanquetes, quedaron varadas en la arena, junto a los copos y boliches que los jabegotes extraían de la mar a golpe de brazos y hombros. Aquella estampa, aún reciente, palpita con añoranza en el corazón de muchos malagueños. Entonces, no importaba el tamaño de las redes, ni la talla de los pescados, ni los horarios de pesca; apenas existía normativa, tal vez porque la situación entonces no lo requería.  

Málaga siempre estuvo vinculada al mar y a la pesca, pero su tradición pesquera apenas implicaba una escasa flota artesanal al fresco, que volvía cada día a puerto. Barcos de poca eslora, que faenaban cerca de la costa; alguna almadraba testimonial aprovechaba el paso de especies migratorias para su captura; y escasa era también la presencia de la industria conservera en tierra.  

Corría la mitad del siglo XX y eran los comienzos del emergente turismo de sol y playa que atraía a todo el mundo hacia nuestras costas en busca de productos muy nuestros. Y entre ellos, el “pescaíto”, fresco y preparado como en pocos lugares. Otros tiempos, otros mares, otras leyes…. Y crecieron nuestras ciudades costeras, las urbanizaciones y hoteles. El turismo, trajo progreso y dinero, pero a la vez incrementó enormemente la demanda de nuestros limitados recursos pesqueros. Había que adaptarse a los tiempos, y la pesca profesional también debía hacerlo. Aumentó considerablemente la flota, y en consecuencia las distintas modalidades y artes de pesca profesional que hoy conocemos en nuestras aguas, muchas de ellas heredadas de otras civilizaciones.  

Todos estos elementos han contribuido, en mayor o menor medida, a transformar la actividad pesquera en nuestra provincia así como en el resto del territorio nacional, haciendo que el panorama pesquero profesional haya evolucionado hacia la situación actual, muy distinta a la que conocieron nuestros antepasados. 

Sobrevinieron rigurosas normativas a las que se debía enfrentar un sector económicamente difícil que apenas miraba más allá del día a día; que siempre consideró el mar como la eterna despensa inagotable, donde todo se renueva, y donde la ausencia aparente de territorialidad dificulta su regulación y la gestión de sus recursos. 

La incorporación de España a la UE en 1986 supuso una mejora sustancial en nuestra flota desde el punto de vista tecnológico, todo ello gracias a las subvenciones comunitarias. Dichas ayudas, disponibles para nuestra flota desde la entrada en la “Europa Azul”, en el marco legal de la Política Pesquera Común (PPC), se han mostrado con el tiempo, del todo equivocadas, ya que permitieron no solo renovar y modernizar la flota, sino también aumentar significativamente el esfuerzo pesquero sobre los caladeros, al construirse barcos mas grandes y potentes. La consecuencia llegó pronto a nuestro país, como a muchos países comunitarios con fuerte tradición pesquera: caladeros sobreexplotados que no pueden renovar sus recursos, poniendo en entredicho la rentabilidad de la flota, y la continuidad del sector.  

Esta situación obligó a las Autoridades Comunitarias responsables de los asuntos pesqueros a dar un giro, a finales de 2002, en las ayudas estructurales contempladas en la PPC para este sector, primando los desguaces de barcos y otras medidas de reducción del esfuerzo pesquero; a la vez que una normativa cada vez mas restrictiva en cuanto a horarios, vedas, tallas mínimas, fondos en los que faenar, tamaño de las artes, distancias a la costa, etc., para todas las modalidades de pesca, y nuevas directrices a nivel medioambiental.  

Como consecuencia de ello, en los últimos 15 años la flota pesquera de Málaga se ha visto reducida en 115 unidades, lo que supone una reducción del 33 %. En la actualidad, Málaga cuenta con una flota pesquera profesional modernizada, diseñada con los mejores materiales, más potente y con tecnología a bordo muy avanzada, con mayor eficacia en su actividad, pero sin embargo con una rentabilidad, a veces, muy en entredicho, que continúa faenando al fresco en aguas con escasos recursos, y volviendo cada día a los 5 puertos pesqueros de nuestra provincia: Estepona, Marbella, Fuengirola, Málaga y Caleta, para vender en sus lonjas, ya modernizadas y con sistemas de subasta informatizada. Esta es la difícil situación a la que debe enfrentarse cada día el sector pesquero: los caladeros no han mejorado; las capturas de las especies comerciales siguen cayendo en picado, mientras que los elevados gastos (sobre todo el elevado precio del combustible), y los bajos precios en lonja de un producto de elevada calidad, ponen en evidencia un deficitario sistema de comercialización, que deja pocos beneficios a armadores y pescadores, mientras que el consumidor final debe pagar el pescado a precio de oro. 

Reino del Boquerón - Cajas de sardinas
Cajas de sardinas en la traíña

Actualmente, un total de 235 barcos salen a faenar cada día en nuestras aguas en las distintas modalidades de pesca marítima profesional, con un número aproximado de 750 tripulantes. De ellos, 35 embarcaciones conocidas comúnmente como “bacas” ejercen la modalidad de arrastre de fondo, para capturar las especies demersales que encuentra la red a su paso por el fondo marino: merluza, bacaladilla, lenguado, gamba, pulpo, rape, cigalas, calamares, etc. La modalidad de cerco es ejercida por unas 30 embarcaciones llamadas “traíñas”, en busca de pequeños pelágicos como la sardina, el boquerón, el jurel, y la caballa. Las 115 embarcaciones marisqueras que faenan con rastro buscan cerca de la costa, las distintas especies de moluscos bivalvos y gasterópodos: coquina, chirla, concha fina, bolo, etc. Los restantes 55 barcos ejercen una pesca muy selectiva en la modalidad de artes menores, entre las que se cita: trasmallo (besugos, herreras, etc), alcatruces o pucheros (pulpo), etc.

Los productos pesqueros que desembarca la flota de Málaga son de una elevada calidad, gracias a su frescura y al caladero del que proceden. Pero si tenemos que destacar algún producto de entre todos los demás, ese es “el plateado”: el escaso y valorado boquerón, seguido de la nuestra tan demandada sardina. Ambas especies se ven favorecidas por la entrada de aguas frías procedentes del Atlántico, a través del Estrecho de Gibraltar. Las especiales características oceanográficas de nuestro litoral (temperatura, salinidad, corrientes, fotosíntesis, luminosidad, afloramientos de nutrientes, etc.), confieren a ambas especies, boquerón y sardina, una calidad sin igual, reconocida por todos, desde compradores mayoristas y minoristas, hasta los restauradores de mayor prestigio, pasando por los consumidores más exigentes, sin que ello las haga diferentes, taxonómicamente hablando, del boquerón y sardina de cualquier otra latitud. 

En las gráficas siguientes puede observarse la evolución de las capturas (Tm), para ambas especies, en la serie histórica de 24 años disponible. En ambos casos se registran cifras preocupantes.  

Reino del Boquerón - Gráfica 1

En 2020 se ha acelerado el descenso en las capturas de sardina, en toda la provincia, respecto a los años anteriores, alcanzando el mínimo histórico de todo el registro, en la serie histórica de los últimos 24 años.  

Reino del Boquerón - Gráfica 2

El análisis de los datos de boquerón es algo complejo, según opiniones tanto del Instituto Oceanográfico, como del propio sector; el boquerón es una especie con un comportamiento altamente dependiente de otros muchos factores, por lo que sus cifras, repetidamente bajas, no necesariamente deben llevarnos a pensar que las poblaciones de boquerón se encuentran en niveles alarmantes. Su acercamiento a la costa se ve limitado por aspectos oceanográficos, supervivencia, migraciones, etc, que hacen que los stocks sufran fluctuaciones, ajenas a la acción antropogénica, sino mas bien consecuencias de desequilibrios en el sistema pelágico, debido a cambios climáticos, que incluso puede estar sucediendo a escala planetaria, y que oscilan de un modo natural en ciclos multidecadales, responsables de fuertes caídas con lenta recuperación, con incrementos también cíclicos, como el registrado en los dos últimos años. 

La captura masiva de boquerón y sardina en estado inmaduro, para dar cobertura a la fuerte demanda del sector de la restauración ha sido uno de los factores que ponen en peligro la capacidad de regeneración del caladero, aún hoy en entredicho. De ahí que, debemos ser conscientes de que, de alguna manera, somos un eslabón importante en la cadena de factores que intervienen en la renovación del caladero, y la continuidad de la actividad pesquera. Consumiéndolas en su talla reglamentaria, contribuimos a la renovación de las poblaciones de ambas especies en nuestras aguas, de fuerte arraigo en nuestra gastronomía, y verdaderas estrellas protagonistas de nuestras mesas.  

Conservar el legado patrimonial de la pesca y el consumo de pescado en Málaga es tarea de todos.  

Reino del Boquerón - Boquerones
Boquerones
Reino del Boquerón - Sardinas
Sardinas

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