¿Eres tú ’El último mohicano’?

Fotograma de 'El último mohicano'.

Javier Neila Toledo

Técnico superior
Agencia Andaluza de la Energía

Viendo el relevo generacional que estamos viviendo en la Administración pública andaluza, materializada en la ingente cantidad de gente que se nos jubila, debemos ser sabedores de que la Junta de Andalucía no es ajena a la pérdida de este sustrato intelectual, por otro lado, riquísimo e imprescindible.

Supongo que conoces la historia que vertebra El último mohicano. A mí personalmente, me encanta. Amores imposibles, tiros, indios buenos, indios muy malos y bosques con cascadas impresionantes. Sin embargo, ya solo el nombre de la novela nos evoca cierta tristeza. Como un sentimiento trágico de fracaso colectivo, donde una resistencia esteril termina en agonía y muerte. Ser el último de algo debe de ser algo terrible la mayoría de las veces. Imagino que has de sentirte como que todo lo que has hecho y han hecho antes que tú, se desvanece como el humo.

Hablamos de perder irreparablemente algo que, de ser importante, se torna intrascendente por el mero efecto del olvido, desapareciendo sin dejar impronta ni recuerdo, como la espuma de mar de la última marea. Es el gemido resignado, casi lastimero, de la memoria colectiva de un pueblo que, desde el más allá, parece observar impotente cómo se va extinguiendo su rico sustrato de saber, acumulado desde tiempo inveterado. O lo que es lo mismo, cómo se desvanece el alma y la esencia de aquellos que te precedieron.

Cuando el oficial de la armada norteamericana James Fenimore Cooper escribió en 1826 tan emocionante novela, no podía pensar que el director de cine Michael Mann, 166 años después, reflejaría con tanta maestría la sensación de angustia, vacío y plegaria desatendida de un padre que, con pavor, ve como la Parca se lleva precozmente a su primogénito y único sucesor —Uncas—, penúltimo vestigio de su raza y cultura. La película, con un elenco inmejorable, fotografía de diez y una banda sonora inspirada en el folklore celta —se ha convertido en música clásica para los melómanos—, nos retrotrae al año 1757, durante las guerras francoindias, en el auge del conflicto entre Francia y Gran Bretaña por el control colonial de Norteamérica, y en las que se involucran también diversas tribus indias. Es precisamente durante el asedio al Fuerte William Henry cuando se van entrelazando historias individuales y colectivas con una historia de amor preciosa, en medio de un entorno cruel y descarnado.

De toda la historia, el papel que más vivamente me llama la atención —desde siempre— es el del padre desolado que, ya en el epílogo de su vida, ruega resignado en su alegato final, como sorda jaculatoria, por el espíritu del vástago perdido: «Gran espíritu creador de toda vida. Un guerrero va hacia ti, rápido y directo como una flecha lanzada al sol. Dale la bienvenida, y déjale ocupar su lugar en el fuego del Consejo de mi pueblo. Es Uncas, mi hijo. Dile que tenga paciencia. Y pídele a la muerte que venga, porque todos están ya contigo menos uno… yo, Chingachgook, el último mohicano».

Desde el punto de vista animista —filosofía de vida compartida por todas las tribus nativas norteamericanas—, la conexión sagrada que todos los seres vivos tenemos con la naturaleza nos revela esa visión holística del mundo y de la vida, donde lo espiritual empapa e impregna todo lo cotidiano, pues todo está conectado. Así, no existen fronteras claras entre lo sagrado y lo profano, entre lo individual y lo colectivo. El equilibrio del cosmos se mantiene gracias al aporte vital de todos los individuos de la comunidad, independientemente del puesto que ostenten en la escala social; pues, como pasa en el juego del ajedrez, tanto la reina como el peón son imprescindibles. Y ambos compartirán de manera ineludible la misma caja de madera, cuando el juego llegue a su término.

Así las cosas, y viendo el relevo generacional que estamos viviendo en la Administración pública andaluza, materializada en la ingente cantidad de gente que se nos jubila (nuestros queridos mohicanos), y siendo conscientes del enorme potencial de la sangre fresca que está entrando con muchas ganas y mucha ilusión entre nuestros efectivos, debemos ser sabedores de que la Junta de Andalucía no es ajena a la pérdida de este sustrato intelectual, por otro lado, riquísimo e imprescindible. Sí; corremos la misma suerte que los indios de los que estamos hablando. Y ya vamos tarde. La buena noticia es que tenemos la solución: a través de la Gestión del Conocimiento del Instituto Andaluz de Administración Pública (IAAP) de la Junta de Andalucía llevamos años apostando por los Encuentros Intergeneracionales. Y esta historia es de las que terminan bien: no hay tiros ni flechas, ni nadie saldrá herido.

Y eso es así porque creemos vehementemente en que aún podemos salvar el saber y la experiencia de esos séniors a los que debemos tanto. Por eso es justo hacer las cosas bien, —no solo por nosotros, sino por la ciudadanía a la que servimos, de la que formamos parte y a la que nos debemos— para que dicho tránsito, en vez de ser traumático, sea enriquecedor para todas las partes implicadas, y un signo de calidad en el servicio y de permanencia en los criterios. Y también, por qué no decirlo, para dar la mayor de las gracias a todas esas personas que lo han dado todo sin pedir nada a cambio.

¿Qué metodología usaremos?

Desde el grupo de trabajo de Encuentros Intergeneracionales del programa Embajadores/as del Conocimiento detectamos, mediante mapas de conocimiento crítico, las necesidades más inminentes dentro de la Administración andaluza para decidir la materia o el colectivo para el que  resulta más urgente celebrar dichos encuentros. El grupo primario que organizará el encuentro (los que podemos llamar «embajadores/as de primera generación») se preocupará de buscar y seleccionar a los candidatos más idóneos y capaces. Elegiremos tanto a séniors como a juniors, pues los primeros no tendrían sentido sin los segundos. Esta pequeña élite tendrá el privilegio y la responsabilidad de organizarse en grupos de trabajo. Nuestro objetivo entonces es  hacer que pase y que la magia del trabajo grupal y cooperativo dé sus frutos. Así, el grupo matriz (de aproximadamente 40 personas de toda Andalucía) se subdividirá en equipos más pequeños, unidos por un proyecto común elegido libremente, que se materializará en distintos entregables resultado de su trabajo autónomo. Y es que, en ese momento, nuestros «embajadores/as de segunda generación» son células autónomas donde cada grupo de trabajo funcionará según sus propios criterios; porque los proyectos son de cada grupo, y llegarán a donde quieran llegar. Es lo que somos. Nuestra naturaleza y razón de ser; nuestro ADN.

Encuentros Intergeneracionales en materia legislativa en la Junta de Andalucía

Aunque la mayoría de los encuentros han sido dedicados a colectivos específicos, en el encuentro del 2026 abordaremos una materia transversal del conocimiento como es la legislativa, común a todas las áreas y ramas de la Administración. Se favorecerá así que el encuentro comparta un rico crisol de matices y puntos focales variados, lo que será tremendamente productivo. Porque es precisamente ahí, en la variedad, donde pensamos que está el equilibrio.

Dicho esto, aquí tenéis al equipo que se ocupará este año de liderar y consolidar los grupos de trabajo en el próximo encuentro intergeneracional, que será el próximo 9 de junio de 2026. Un grupo interdisciplinar, motivado y cohesionado, con muchas ganas de aprender y muchísimo que dar, porque en Embajadores/as del Conocimiento somos conscientes que un grupo es muchísimo más que la suma de sus elementos.

Componentes del equipo 'Encuentros Intergeneracionales en materia legislativa en la Junta de Andalucía' del programa Embajadores y Embajadoras del Conocimiento del IAAP.
Componentes del equipo ‘Encuentros Intergeneracionales en materia legislativa en la Junta de Andalucía’ del programa Embajadores y Embajadoras del Conocimiento del IAAP.

Y ahora, mirad quienes somos y lo que queremos deciros:

Esperanza Delgado Gómez

Esperanza Delgado Gómez

«Es el primer año que participo en el equipo de Embajadores/as del Conocimiento. Está siendo una experiencia única de desarrollo personal y profesional, muy emocionante. Es una oportunidad de conectar con personas que comparten inquietudes e intereses para ir transformando y mejorando tanto los servicios de la Administración como llegar al corazón de los recursos humanos y a la ciudadanía».

Cristina María Ramírez Bautista

«Cuando en noviembre de 2025 asistí a las Jornadas de Gestión del Conocimiento, convencida por mi amigo Javier Neila, no imaginaba el trabajo que se hace en el programa. Me llevé una muy grata sorpresa. Qué bonito lo que se hace en Embajadores/as, cuánto cariño se le pone y, sobre todo, qué labor tan importante para quienes trabajamos en una Administración pública como es la Junta de Andalucía. Mi primer contacto con este programa fueron las jornadas de convivencia en Cazorla, y me atrajo mucho la forma en cómo se gestionó, las ganas que le pusimos al trabajo en equipo y que bien organizado estaba todo. Me encuentro muy ilusionada por el camino que estamos recorriendo, deseando ver el fruto de estos meses de trabajo y, sobre todo, agradecida de poder participar en este proyecto».

Cristina María Ramírez Bautista
Cayetano Fernández del Valle

Cayetano Fernández del Valle

«El pasado año, cuando me planteé participar en el último encuentro intergeneracional como embajador de segunda generación, no tenía muy claro lo que me depararía. Iba a la aventura, cubierto por una pátina mezcla de ilusión, nerviosismo y expectación. Entonces descubrí otra forma de trabajar en equipo, de conocer algo más las posibilidades que tiene una organización como la nuestra, teniendo una visión más allá del trabajo diario y enfocada al relevo intergeneracional. Y, como no podía ser de otra forma, me he embarcado de nuevo en el proyecto de embajadores/as de primera generación de este año; con aún más ilusión, con muchos menos nervios, con la posibilidad de aportar mi humilde experiencia y, sobre todo, con el mismo agradecimiento».

Miriam Roldán Rodríguez

«Es muy ilusionante para mí poder contribuir al programa de Embajadores/as del Conocimiento. Compartir lo aprendido, escuchar otras experiencias y acompañar a quienes se incorporan en este camino es algo que vivo con especial entusiasmo. Creo sinceramente que cuando el conocimiento se comparte, todos y todas crecemos, y el servicio que prestamos se fortalece».

Miriam Roldán Rodríguez
Pablo Cabello Macías

Pablo Cabello Macías

«Solicité plaza en el programa de Embajadores/as del Conocimiento como un mes después de que fuéramos a nuestra Escuela de Acogida por parte del IAAP. Aunque ya lleváramos un par de años como interinos, aquel día se nos abrió el abanico entero con las posibilidades de formación que tenemos, y este programa nos pareció especialmente atractivo entre toda la oferta. A pesar de que meteorológicamente el tiempo no ha acompañado, el programa no solo ha cumplido las expectativas, sino que la ha superado con formaciones paralelas como la de mapas de conocimiento crítico. Actualmente hacemos todo lo posible por llevar a los encuentros intergeneracionales ese mismo espíritu de una formación diferente y provechosa a la vez que entretenida».

Marta González de Rábago

«Volver a formar parte del programa Embajadores/as del Conocimiento este año es, sin duda, un regalo que valoro muchísimo. Me siento profundamente afortunada por seguir creciendo junto a personas tan valiosas. Los encuentros intergeneracionales marcan un antes y un después en la manera de entender el trabajo y el aprendizaje compartido. Quienes se animen a participar descubrirán un espacio auténtico de conexión e inspiración, donde el intercambio de experiencias se convierte en algo real, cercano y transformador».

Marta González de Rábago
Esther Bolivia Salguero Medina

Esther Bolivia Salguero Medina

«Solicité participar en el programa de Embajadores/as del Conocimiento para disfrutar de una experiencia colaborativa en la que compartir y recibir conocimientos con otros compañeros y compañeras de mentes inquietas. Además, creo que los proyectos de Encuentros Intergeneracionales son muy necesarios en la Junta de Andalucía para poner en valor la experiencia adquirida a lo largo de los años y transmitirla de una forma eficaz a las nuevas incorporaciones».

Sonia Sicre Alonso

«Transmitir el conocimiento es responsabilidad de todos, para un mejor funcionamiento de los Servicios Públicos».

Sonia Sicre Alonso
Javier Neila Toledo

Javier Neila Toledo

«Siempre es un privilegio trabajar en estos proyectos. Primero, porque te cambia la perspectiva de la Administración a la que perteneces, y segundo, porque te enseña una forma de trabajar que no solo te hace mejor profesional, sino que también y, sobre todo, te va modelando, haciendo que despierten en ti habilidades y actitudes que desconocías o, al menos, que hacía mucho tiempo que no habías cultivado y las tenías olvidadas en alguna esquina de tu cabeza y especialmente de tu corazón. Además, los encuentros intergeneracionales han sido el buque insignia del IAAP en los últimos años y, en cada nueva edición, mejor nos salen. Por eso, no puedo dejar de agradecer a la organización de Gestión del Conocimiento que haya confiado de nuevo en mí para este apasionante viaje, en el que todo está por descubrir».

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