De opositor a funcionario

Miguel Ángel Hinojosa Serrano 

Administrativo
Delegación del Gobierno en Jaén

¿Qué es lo que nos hace plantearnos retomar los libros (quizás después de haber perdido el hábito), rechazar planes con la familia y los amigos, y ponernos a estudiar infinitas horas en nuestro querido-odiado “opozulo”)?

En nuestra más tierna infancia, todos soñamos con ser deportistas de élite, policías, médicos o bomberos. Pero, ¿quién dice «yo de mayor quiero ser funcionario»? ¿Quién se ve de mayor en una oficina registrando documentos, gestionando facturas, redactando contratos públicos o tramitando becas?  

No arriesgo mucho al decir que, al principio, nadie —o casi nadie— aspira a ser funcionario. Sin embargo, nos hacemos mayores, sacamos nuestros estudios, conseguimos nuestro primer trabajo y nos damos cuenta de que todo es más complicado de lo que pensábamos. La inestabilidad laboral, la escasez de trabajo en nuestra ciudad, la precariedad y largas jornadas laborales se convierten en motivos para buscar una salida; es, justo en ese momento, cuando la opción de ser funcionario gana enteros… pero, ¿qué es lo que nos hace plantearnos retomar los libros (quizás después de haber perdido el hábito), rechazar planes con la familia y los amigos, y ponernos a estudiar infinitas horas en nuestro querido-odiado opozulo? 

Opositor estudiando en su "opozulo" (Imagen creada con Gemini IA)

Las motivaciones y las renuncias 

Buscamos esa estabilidad laboral que nunca llega, la conciliación familiar —que es una quimera en el sector privado— o la idea de tener tiempo libre de calidad para dedicarlo a nuestras aficiones. En definitiva, saber que la próxima crisis económica nos pillará a cubierto y tendremos tiempo para nosotros mismos. Todos tenemos nuestras razones y en lo que todos estamos de acuerdo es que opositar es una inversión. Quizás, la mejor inversión de nuestras vidas.  

Emprender el camino para ser funcionario no es nada fácil. Hay que renunciar a planes con los amigos, cumpleaños de familiares e incluso (aunque no ha sido mi caso, pero sí el de otros compañeros y compañeras) ver cómo crece nuestra descendencia sin apenas poderles dedicar tiempo de calidad. Y todo por una supuesta recompensa que nos planteamos si merecerá la pena (spoiler: ya os digo que sí que merece la pena). 

A todo lo que se renuncia hay que añadir la incertidumbre de cuándo será el próximo examen: si me dará tiempo a llevarlo bien, si se presenta mucha gente, cuál será la nota de corte, si me presento también a otras oposiciones de otras administraciones o, simplemente, si esto no es lo mío y lo dejo.  

El procedimiento 

Empiezas a buscar academia o preparador, a planificar el estudio… y pasa el tiempo. A veces tienes la sensación de que no lo llevas bien o notas que no avanzas, pero al final llega ese examen para el que has dejado de lado tantas cosas con la esperanza de aprobarlo. Y se aprueba, pero no ha sido suficiente. Aunque queda el premio pequeño a tanto esfuerzo: estar en la bolsa y esperar que te llamen pronto para tu primera interinidad.  

Pasa el tiempo y esa ansiada interinidad, ese premio pequeño, llega. Por fin, aunque de forma temporal y sin saber cuánto tiempo estarás, tomas posesión. Por primera vez en tu vida trabajas para la Administración pública y te das cuenta de lo compleja que es. 

En esta nueva etapa tocas con las manos aquello a lo que aspiras y deseas. Te das cuenta de las grandes diferencias con lo que has conocido hasta ese día en la empresa privada. Sin embargo, la realidad pesa y sientes el cansancio de estudiar y trabajar al mismo tiempo. Probablemente estés destinado fuera de casa y eso agota el doble pero, al mismo tiempo, es una motivación para continuar estudiando. Ya no te vale el premio pequeño e ir enganchando interinidades: quieres el premio gordo. Quieres ser funcionario de carrera y cerrar, de una vez, la etapa opositora.  

Y llega ese día en el que, después de varios exámenes, interinidades y provincias, por fin, aparece en el BOJA tu nombre en la lista de aprobados con plaza. No te lo crees, estás tan en shock que tienes que decirlo en voz alta para darte cuenta de que lo has conseguido. ¡Eres funcionario! 

Miras atrás y ves todo lo recorrido; lo que has cambiado y cómo han cambiado los demás. Te das cuenta de quiénes te han acompañado en este proceso y te han apoyado, y solo quieres dar las gracias. Empieza el carrusel de mensajes y llamadas para dar la buena noticia. Comienzas por los más importantes y los que nunca han fallado ni dejado de creer y apoyarte, que fueron, en mi caso, mi madre y mi padre: a ellos, simplemente, gracias infinitas por todo.  

Parece que ya está todo hecho, pero aún queda la última etapa de incertidumbre: ¿cuándo saldrán las plazas ofertadas?, ¿podré elegir lo que quiero?, ¿qué fecha será la de la toma de posesión? Es el último paso antes de que ese camino iniciado hace ya tanto tiempo se convierta, por fin, en realidad.  

Celebrando la publicación en BOJA en casa (Imagen creada con Gemini IA)

 

Mi experiencia como interino y mi toma de posesión 

En mi etapa de opositor he tenido la suerte de tener tres interinidades en tres provincias diferentes: Córdoba, Almería y Jaén. Para mucha gente, esto no es posible por su situación familiar, aunque para mí ha sido una gran oportunidad de aprendizaje. Las tres tuvieron en común el hecho de encontrarse fuera de mi provincia y, sobre todo, la gran acogida de los compañeros y compañeras, que me hicieron sentir uno más desde el primer día.

La primera parada de este viaje fue breve —tan sólo cuatro meses— pero muy motivadora. Tuve una interinidad en la Delegación Territorial de Industria en Córdoba, mi primer destino lejos de casa. Allí pude conocer por primera vez la Administración desde dentro, descubriendo qué era eso de las expropiaciones forzosas y cómo se tramitan; sin saber que, años después, el destino las volvería a poner en mi camino, esta vez ya como funcionario de carrera.

La segunda fue en el IFAPA de Almería, un centro pequeño dedicado a la formación de pescadores profesionales. Era una actividad desconocida para mí y enseguida me di cuenta de la importancia de este tipo de formación para la sociedad y para las personas que viven del mar. Durante nueve meses, mis funciones fueron tramitar facturas y contratos menores. Aunque lo más importante fue darme cuenta de la falta de relevo de este importante sector y la necesidad de la población migrante para el desarrollo de esta actividad. 

La tercera y última interinidad me llevó a la Delegación de Medio Ambiente en Jaén. Tercera provincia y tercer ámbito laboral totalmente diferente a los anteriores. Volví a empezar de cero, pero al ser yo ambientólogo de formación, fue la que empecé con más ilusión. Aquí me sumergí en la gestión administrativa de la caza y la pesca continental. En esta última etapa fue cuando aprobé el examen que culminaba todos estos años de esfuerzo y sacrificio, pero también de aprendizaje y enriquecimiento tanto laboral como personal. 

Finalmente, tomé posesión hace unos meses en la Delegación del Gobierno en Jaén y mi puesto fue en la Comisión Provincial de Valoración de Justiprecio. Para los que no estén familiarizados con esta comisión, aquí se determina el precio que hay que pagar al expropiado. Parece un guiño del destino que mi primera experiencia en la Administración fuera tramitando expropiaciones y que ahora mi primer puesto como funcionario de carrera sea terminando el procedimiento de la expropiación.

Un mensaje final  

Puede parecer que con la plaza ya está todo hecho, pero esto es solo el principio de una carrera administrativa. Una carrera administrativa que puede llegar tan lejos como uno se proponga.

Soy consciente de que esta revista es por y para funcionarios, pero no quiero olvidar a los que hoy son funcionarios interinos, como no hace tanto tiempo lo fui yo. Animaos a seguir, no desfallezcáis, seguid estudiando; lo tenéis más cerca que nunca.

Las horas de estudio, los viajes que no se hicieron, los cumpleaños a los que no fuimos, los planes rechazados… todo ha tenido una recompensa. Ser funcionario puede que no fuese la vocación de aquel niño o niña que un día fuimos, pero creedme cuando os digo que merece la pena. 

Objetivo conseguido (Imagen creada con Gemini IA)

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