Francisco de Asís Fernández Miser
Servicio de Explotación de Sistemas Sectoriales
Dirección General de Estrategia Digital
Agencia Digital de Andalucía
Publicado el domingo, 18 de octubre de 2026
SOLO ANTE EL PELIGRO: EL DENUNCIANTE EN EL CINE
El año 2023 la Junta de Andalucía habilitó un canal para recibir información sobre irregularidades en la gestión pública, orientado a su personal y a otras personas implicadas (https://canaldedenuncias.junta-andalucia.es/), cuya gestión corresponde a la Secretaría General para la Administración Pública, adscrita en su momento a la Consejería de Justicia, Administración Local y Función Pública y actualmente a la Consejería de Inteligencia Artificial, Desarrollo Digital y Administración Pública, y de cuyo mantenimiento y evolución tecnológica se encarga la Agencia Digital de Andalucía. Este canal se suma al que implantó la Oficina Andaluza Antifraude, adscrita al Parlamento de Andalucía, (https://buzon.antifraudeandalucia.es) y que está abierto a cualquier ciudadano que quiera informar de irregularidades en todo el ámbito territorial andaluz.
La implantación del canal interno se debe a la Ley 2/2023 de 20 de febrero, reguladora de la protección de las personas que informen sobre infracciones normativas y de lucha contra la corrupción. Dicha ley, que traspasa a nuestro ordenamiento jurídico la Directiva europea 2019/1937, también conocida como Directiva Whistleblower (así se llama en el mundo anglosajón a las personas relacionadas con una organización que lanzan una alarma sobre un comportamiento ilícito dentro de la misma), no sólo afecta al sector público, sino que obliga a las empresas con más de 50 empleados a implementar canales y mecanismos para las denuncias internas. (Hay que mencionar que la legislación andaluza ya había dado pasos en el camino de promover la integridad mediante la Ley 2/2021, de 18 de junio, de lucha contra el fraude y la corrupción en Andalucía y protección de la persona denunciante).
La creación de estos canales no sólo implica que la organización implante medidas de protección frente a posibles represalias sobre los denunciantes sino también que se haga uso de técnicas avanzadas de seguridad de la información: la gestión ha de ser absolutamente confidencial y uno de los datos que hay que proteger con mayor cuidado es el de la identidad del informante, existiendo la opción de que la denuncia se lleve a cabo de manera anónima (la Oficina Andaluza Antifraude llega a recomendar el uso del navegador Tor, orientado al anonimato).
El Decreto 103/2025, de 21 de mayo, por el que se constituye el Sistema interno de información de la organización central y territorial de la Administración de la Junta de Andalucía y se regula su organización y funcionamiento se centra en la protección de “quienes hayan obtenido información sobre infracciones en el ámbito de la organización central o territorial de la Administración de la Junta de Andalucía en un contexto laboral o profesional” y apuesta por la multicanalidad al permitir la recepción de informaciones vía buzón electrónico (CanalInternoInformantes@juntadeandalucia.es), correo postal tradicional, comparecencia personal, teléfono o mensaje de voz. Nótese que, en el sentido de la directiva y su transposición española, el Decreto no exige que el informante tenga una relación laboral con la Junta de Andalucía, sino que puede ser un contratista, un autónomo, un voluntario o incluso alguien que participe en un proceso de selección.
El Sistema emite una memoria anual sobre sus actividades, indicando consejerías u organismos destinatarios, canales de recepción, tipos de posibles infracciones denunciadas … que se pueden consultar en esta dirección.
Como vamos a ver en la serie de películas elegidas, que narran casos reales de personas que denunciaron situaciones injustas en el pasado, muchas de estas personas, que mantenían relaciones laborales de todo tipo con las organizaciones a las que se enfrentaron, acabaron obligadas a crear agujeros de seguridad de información, vulnerar leyes de confidencialidad y de secretos oficiales y contravenir órdenes de superiores jerárquicos, mientras recibían presiones de todo tipo que llegaron alguna vez a la agresión física. Evitar este riesgo jurídico que corre el informante es uno de los objetivos de esta legislación de protección.
No sólo los responsables de las organizaciones tomaban medidas con la intención de mantener en el secreto lo denunciado y evitar la apariencia de pérdida de control, sino que ha sido frecuente, aun por parte de personas no responsables de los hechos que se denunciaban, cierto malestar al sentir traicionada la supuesta “armonía” del grupo por simple corporativismo. Sin embargo, estudios afirman que la existencia de estos canales, al proteger la integridad de la propia organización, en el largo plazo mejora el ambiente entre el personal.
Para reflexionar sobre este tema he elegido once películas cuya producción tiene lugar entre los años setenta y el siglo XXI bien entrado, nueve de ellas estadounidenses, una británica y una francesa (no muy complicadas de encontrar en plataformas y hasta en bibliotecas públicas en forma física o en streaming, como por ejemplo https://andalucia.efilm.info, el sistema de la Red de Bibliotecas Públicas de Andalucía) y con ellas veremos cómo ha ido cambiando el entorno social, jurídico y tecnológico para la persona que ha de informar de situaciones ilícitas. Por lo general, el cine, y en particular el de Hollywood, ha presentado la figura del denunciante de manera favorable, como un “caballero sin espada” que se juega su reputación, sus relaciones personales, su carrera profesional y hasta su libertad individual por la limpieza de la organización en la que trabaja, aunque se han retratado situaciones en las que tras la denuncia también había motivaciones menos altruistas. (Nota: Lamento no haber dado con cine español que aborde el tema: ni, por ejemplo, en El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez, que narra la relación de Luis Roldán con Francisco Paesa, ni en B, la película, de David Ilundáin, que trata la declaración de Luis Bárcenas ante el juez Pablo Ruz, dos de las películas españolas que trataron casos reales de corrupción, hay un especial foco en las personas que denunciaron).
Serpico
Serpico (EE.UU., dirigida en 1973 por Sidney Lumet) cuenta con Al Pacino interpretando a Frank Serpico, policía de Nueva York que hace frente a la corrupción sistemática que encuentra en cada departamento por el que va pasando. Tras contribuir a un gran artículo sobre corrupción y recibir un disparo en la cara durante un arresto en circunstancias dudosas, Serpico acabó dejando su trabajo tras testificar en una gran comisión de investigación sobre la corrupción policial.
(Nota: Si a alguien le interesa la evolución de los cuerpos policiales en los últimos siglos en varios países y cómo han debido de gestionar los problemas que les ha causado la corrupción, recomiendo el comic “Policía global”, de Clavez y Jobard, editado por Garbuix Books).
Los papeles del pentágono
En Los papeles del pentágono (EE.UU., dirigida en 2017 por Steven Spielberg), Daniel Ellsberg, un analista que fotocopió informes de inteligencia relativos a la intervención de los EE.UU en Vietnam en los que se demostraba que el Gobierno había metido al Congreso de manera sistemática los pone a disposición de la prensa, la cual, ante la ofensiva judicial recurrió para su protección a la defensa de la libertad de prensa y de expresión ante la Corte Suprema estadounidense.d
Todos los hombres del presidente
En Todos los hombres del presidente (EE.UU., dirigida por Alan Pakula en 1976, basada en el libro del mismo nombre, de la que se cumplen cincuenta años y que ha inspirado a generaciones de periodistas) Dustin Hoffman y Robert Redford encarnan a Carl Bernstein y Bob Woodward, dos periodistas del Washington Post, periódico que, además de haber publicado la información contenida en los papeles del Pentágono, investiga también el escándalo del robo de documentos en el edificio Watergate (en aquellos tiempos el robo de documentación no podía hacerse de forma electrónica y tenía que hacerse de forma presencial) por parte de personal ligado al presidente Nixon. Cuando la investigación acaba en varios callejones sin salida, un misterioso informante apodado “Garganta profunda” (la mano derecha del director del FBI, según hizo saber treinta años después a través de un abogado) dirigirá sus pasos hasta hacer concluir la investigación de dos años, acarreando la definitiva dimisión de Nixon, tras ser investigado por el Congreso.
El dilema
El dilema (EE.UU., dirigida en 1999 por Michael Mann) centra el entorno en que tiene lugar la denuncia en las grandes empresas y los medios de comunicación. Un químico, al que encarna Russell Crowe, empleado en una una tabaquera que añadía sustancias adictivas a sus productos y cuya dirección había cometido perjurio ante el Congreso estadounidense al afirmar que los cigarrillos no eran adictivos, sufre una campaña difamatoria tras presentar la información a un periodista, al que da vida Al Pacino, que a su vez sufre la presión de la cadena en la que trabaja, para silenciar la noticia por miedo a perder anunciantes.
El soplón
En El soplón (EE.UU., dirigida por Steven Soderbergh en 2009) se nos presenta el dilema ético al que llega una investigación de manipulación de precios entre empresas en la que el informante (Matt Damon) es una persona inestable que además, es consciente de que los ceses que propiciará la acusación le beneficiarán profesionalmente al hacer “correr el escalafón”. (Esto, por ejemplo, en la legislación francesa de protección al informante podría invalidar el procedimiento, al haber intereses personales).
Caza a la espía
En Caza a la espía (EE.UU., dirigida por Doug Liman en 2010) vemos la necesidad de protección del informante y el también uso malintencionado que se puede hacer de las filtraciones… por parte de los niveles superiores: en este caso el artículo de un diplomático interpretado por Sean Penn negando algunas justificaciones para comenzar la guerra de Irak hace que se filtre desde la Casa Blanca la posición de su esposa (Naomi Watts) como agente de la CIA, lo que la expone a todo tipo de represalias y a invalidarla para un trabajo que se basa en el secreto.
El quinto poder
Si el filtrador de “los papeles del Pentágono” necesitó fotocopiar miles de páginas y mantener varias copias de cada informe, a Bradley Manning, un soldado de 22 años con un rango mínimo le bastó con un CD en el que se había escrito con rotulador que contenía canciones de Lady Gaga (lo cual nos da una idea del peligro que suponen en el trabajo los soportes de información personales) para exponer al mundo crímenes de guerra en Irak y los trapos sucios de la diplomacia estadounidense. En El quinto poder (EE.UU., dirigida por Bill Condon en 2013) el protagonista de la película no es el filtrador, sino los activistas Julian Assange, interpretado por Benedict Cumberbatch, y Daniel Domscheit-Berg, interpretado por Daniel Brühl, que organizan la plataforma Wikileaks para cooperar con los posibles filtradores de todo el mundo, garantizando su anonimato (obviamente, sin el soporte jurídico que suponen los canales para la denuncia que se han establecido recientemente). El film, que se basa en el libro que escribió Domscheit-Berg, cuya relación con Assange terminó mal, deja caer que, tras las afirmaciones del tipo “la información quiere ser libre”, no había sólo una exigencia radical de transparencia en el mundo, sino también un notable afán de protagonismo.
Manning socavó la credibilidad de los Estados Unidos ante el mundo con un mero CD regrabable. A Edward Snowden, interpretado por Joseph Gordon-Levitt, le bastó con una tarjeta de memoria oculta en un cubo de Rubik para hacer visible el programa de vigilancia electrónica masiva que llevaba a cabo la inteligencia americana ante el mundo en Snowden (EE.UU., dirigida por Oliver Stone en 2016), aunque eso le haya obligado a cambiar su estación de vigilancia en Hawaii por el exilio en Moscú.
Secretos de estado
En Secretos de estado (Reino Unido, dirigida en 2019 por Gavin Hood) una traductora del servicio de inteligencia británico filtra a un medio, que por otra parte era favorable a la guerra de Irak, un documento que exponía una operación de espionaje ilegal por parte de los Estados Unidos para forzar a personas miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a aprobar una resolución en favor de la invasión de Irak en 2003, lo que lleva a que amenacen con la expulsión del país a su marido kurdo.
Un blanco fácil
En Un blanco fácil (Francia-Alemania, dirigida por Jean Paul Salome en 2022) – por fin una película no anglosajona – una sindicalista irlandesa interpretada por Isabelle Hupert denuncia un pacto secreto entre la empresa pública Electricité de France y una energética china para llevar tecnología nuclear a China, lo que pondría en peligro trabajos en Francia, lo que hizo que la amenazaran y sufriera un ataque violento en su misma casa.
El precio de la red
Cuando escribo estas líneas acaba de llegar a las salas de cine El precio de la red (EE.UU., guionizada y dirigida en 2026 por Aaron Sorkin, que previamente había escrito el guión de La red social, la película que contaba los inicios de la red Facebook). La científica de datos Frances Haugen, que había entrado a trabajar en el equipo de “Integridad Cívica” de Meta, la compañía que agrupa a Facebook, Instagram y Whatsapp, confiando en ayudar a crear “un Facebook mejor y menos tóxico” acabó teniendo que asumir que la programación de la página web impactaba la salud mental, sobre todo de adolescentes, y promocionaba más los contenidos de los grupos más radicales y más enfocados al enfrentamiento. En resumen, Facebook al tener que elegir entre los beneficios económicos y la seguridad para la sociedad, sistemáticamente optaba por lo primero. Al cerrarse su sección en la empresa, acaba aceptando entrevistarse con el periodista del Wall Street Journal Jeff Horwitz, que publicará una serie de informes sobre las negligencias de la compañía. Sorkin prefiere dar más peso en la película al contraste de caracteres entre un periodista de la vieja escuela y una informática que trabaja en una multinacional tecnológica y a cómo se establece una relación de confianza mutua en una situación con posibles consecuencias penales para ambos, que a los contactos de Haugen con los congresistas estadounidenses a los que aportó miles de documentos y con el grupo de apoyo jurídico a denunciantes con el que contactó. De todas las películas presentadas en este artículo ésta es tanto la más reciente como la que muestra hechos más recientes, de forma que, cerrando el círculo, vemos que, aun estando la denunciante bajo la preocupación y el miedo a las represalias laborales y a desatar una “caza de brujas”, hace uso de las protecciones que le ofrece el sistema y no necesita vulnerar de manera flagrante leyes como tuvieron que hacer muchos que se encontraron en el pasado en su misma situación.
Espero que estas películas os ayuden a reflexionar sobre cómo se pueden conciliar la protección de la información y la protección de la integridad en las organizaciones y, por otra parte, sobre la relativa facilidad con que pueden sacar información de una organización los miembros adscritos a la misma y los riesgos que su difusión puede suponer para terceras personas.
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