Ignacio Henares Civantos
Asesoría técnica
Departamento de Sanidad Vegetal
Delegación Territorial de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural en Granada
Publicado el domingo, 18 de octubre de 2026
Cuando pensamos en Huelva, la mente suele viajar hacia la inmensidad de las dunas doradas de Doñana o al infinito azul del océano Atlántico que baña sus costas. Sin embargo, en la parte más al norte de la provincia, el paisaje se transforma en un laberinto verde de colinas suaves, valles umbríos y senderos que parecen sacados de un cuento de hadas.
Hablamos del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, el segundo espacio protegido más grande de Andalucía tras la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, un auténtico santuario donde el agua, la dehesa y la historia se funden en un abrazo perfecto. Ocupa el sector más occidental de la cordillera de Sierra Morena, limitando de forma natural por el norte con la comunidad de Extremadura (Badajoz) y por el oeste con las tierras fronterizas del Alentejo portugués.
Una de las singularidades de este espacio natural protegido es su sorprendente masa forestal, en la que el castaño es uno de los protagonistas. Introducido hace siglos, este árbol cubre miles de hectáreas y contribuye al regalo de uno de los espectáculos visuales más bellos de nuestra comunidad: el «otoño mágico», cuando las copas se tiñen de ocres, dorados y amarillos, alfombrando los caminos con sus hojas y erizos.
Bajo la sombra de estos castañares y de las inmensas dehesas de encinas y alcornoques, late el corazón económico y ecológico de la comarca. Este es el reino del cerdo ibérico de bellota, que campa a sus anchas en un modelo de ganadería extensiva que es ejemplo mundial de sostenibilidad. La dehesa aquí no es solo paisaje; es cultura, gastronomía y vida.
Un tesoro tallado bajo la tierra
El agua en esta sierra no solo corre limpia por sus numerosos arroyos y riberas, sino que ha labrado en secreto una de las grandes maravillas subterráneas de España. En el subsuelo del propio casco urbano de Aracena se esconde la Gruta de las Maravillas. Descubierta a finales del siglo XIX, esta impresionante cavidad freática ofrece un recorrido de estalactitas, estalagmitas y lagos de aguas cristalinas que desafían la imaginación. La belleza de salas como El Gran Lago o La Cristalería de Dios demuestra que la naturaleza andaluza es igual de deslumbrante tanto a cielo abierto como bajo las rocas.
También podemos disfrutar, en la superficie, de monumentos naturales como la Peña de Arias Montano en Alájar, una impresionante mole rocosa en cuya cima se enclava la ermita de Los Ángeles, y desde donde se puede disfrutar de unas espectaculares vistas de esta sierra.
Biodiversidad
La alta pluviosidad de la zona, condicionada por la influencia de los vientos húmedos que entran directamente desde el Atlántico (superando los 1.000 mm anuales de media en sus cumbres), y la excelente conservación de sus dehesas convierten a la Sierra de Aracena en un punto caliente de biodiversidad del sur de Europa.
Biodiversidad vegetal
Las especies más emblemáticas son el castaño (5.000 hectáreas en las umbrías altas), la encina y el alcornoque, que conforman el paisaje de la dehesa, y los quejigos, que ocupan los valles más húmedos y profundos. La vegetación ligada a cursos de agua incluye helechos relictos de un pasado de clima subtropical. Caminando por los senderos podemos descubrir tesoros como la Silene mariana, una planta endémica del suroeste peninsular, o tropezarnos con algún ejemplar de las más de 30 especies de orquídeas silvestres.













La Sierra de Aracena y Picos de Aroche es considerada también una de las grandes joyas micológicas de Europa. Gracias a la combinación de humedad atlántica y extensos bosques de castaños, encinas y alcornoques, alberga una enorme biodiversidad de hongos, muchos de ellos con un valor gastronómico excepcional. Entre las especies de otoño-invierno se encuentran la tana o seta de los Césares, diversos boletos o tentullos, la trompetilla de los muertos o el rebozuelo. Entre las de primavera destacan los gurumelos, sin duda la seta más emblemática de la provincia de Huelva, y las trufas blancas o criadillas de tierra.
La recolección de setas en esta zona va mucho más allá de su uso en la cocina, estando ligada a una cultura relacionada con la conservación ambiental y con el ecoturismo.
Biodiversidad animal
La Sierra de Aracena es un santuario para los aficionados a la ornitología. Ciento noventa especies de aves han sido registradas en este espacio natural, entre las que se incluyen algunas en peligro de extinción como la cigüeña negra, buitre negro, milano real o águila pescadora, habituales y reproductoras en este parque natural; recientemente se ha sumado el águila imperial al catálogo de especies. También podemos encontrar águilas reales, milanos negros, azores o búhos reales que comparten espacio con otras especies singulares como abejaruco o pico picapinos.




Los tramos fluviales mejor conservados funcionan como bioindicadores de aguas limpias, destacando la presencia de anfibios como el tritón jaspeado, la salamandra, la ranita de San Antonio o el sapillo partero ibérico.
Ficha técnica
- 86.827 hectáreas.
- Declarado Parque Natural por la Ley 2/1989, de 18 de julio, por la que se aprueba el Inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y se establecen medidas adicionales para su protección.
- PORN (Plan de Ordenación de los Recursos Naturales) y el PRUG (Plan Rector de Uso y Gestión) aprobados bajo el Decreto 210/2021, de 3 de agosto.
- Alájar, Almonaster la Real, Aracena, Aroche, Arroyomolinos de León, Cala, Cañaveral de León, Castaño del Robledo, Corteconcepción, Cortegana, Cortelazor, Cumbres de Enmedio, Cumbres de San Bartolomé, Cumbres Mayores, Encinasola, Fuenteheridos, Galaroza, Higuera de la Sierra, Hinojales, Jabugo, Linares de la Sierra, Los Marines, La Nava, Puerto Moral, Santa Ana la Real, Santa Olalla del Cala, Valdelarco y Zufre.
- RED EUROPEA NATURA 2000. Zona Especial de Conservación (ZEC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).
- Reserva de Biosfera UNESCO. El territorio del parque natural se integra en la Reserva de la Biosfera “Dehesas de Sierra Morena” junto al parque natural de Hornachuelos (Córdoba) y el de la Sierra Norte de Sevilla (rebautizado en 2023 como Sierra Morena de Sevilla).
- Diversas empresas están adheridas a la Carta Europea de Turismo Sostenible y/o tienen el distintivo de la marca Parque Natural.
Senderos con sabor y patrimonio
Adentrarnos en este parque natural es sentir el latido de una Andalucía verde, fresca, húmeda y boscosa, donde podemos descubrir rincones que nos invitan a bajar las revoluciones y a conectar con el ritmo pausado de la naturaleza. Caminar por sus senderos es alimentar los sentidos, respirando el olor a jaras, escuchando el crujido de las hojas secas, deleitándonos con sus combinaciones cromáticas hasta finalmente detenernos en la plaza de alguno de sus pueblos a saborear su rica gastronomía.
Explorar este espacio protegido es también descubrir una red de senderos históricos que comunican sus 28 municipios. Pueblos como Almonaster la Real —con su evocadora mezquita del siglo X alzada sobre el cerro—, o la imponente fortaleza medieval de Cortegana, jalonan un territorio donde el patrimonio humano realza la belleza natural. El respeto a las tradiciones locales y la conservación del medio ambiente pueden tejer un paisaje vivo, productivo y rebosante de biodiversidad.
Uso público
El centro de visitantes Cabildo Viejo se ubica en el casco urbano de Aracena. Se trata de un edificio histórico construido en el siglo XVI que fue sede del primer ayuntamiento aracenense, tal y como indica su nombre. Su amplitud y belleza da una idea de la importancia histórica de esta población en la comarca. El patrimonio, artesanía y gastronomía del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche son parte importante de la exposición interpretativa que se encuentra en el interior de este equipamiento. En el Cabildo Viejo el visitante conocerá las principales características de este espacio natural relativas a su geología y relieve, su flora y fauna, así como cuestiones particulares como la suavidad de su clima y su alta pluviosidad. La dehesa, el castañar o el bosque de ribera son ecosistemas muy importantes en esta sierra, y ocupan un papel destacado en la sala de exhibición. De ellos se derivan aprovechamientos tradicionales como la ganadería, las huertas, la recogida de castañas y setas y el funcionamiento de los antiguos molinos de agua.
- Puntos de información turística. Se distribuyen de manera estratégica en localidades monumentales de gran flujo de entrada como Almonaster la Real (junto al acceso a la Mezquita), Cortegana y Aroche.
- Red de senderos señalizados de interés. Este parque natural cuenta con una de las redes de senderos homologados más extensas de Andalucía. Entre ellos, destacan por su singular valor paisajístico y botánico:
- Sendero «Ribera de Jabugo» (Galaroza – Castaño del Robledo): Un recorrido clásico y sombrío que une ambas poblaciones siguiendo el cauce del río Múrtiga. Transcurre bajo un frondoso bosque de ribera cubierto de chopos, sauces y helechos atlánticos, abriéndose paso más arriba hacia inmensos castañares.
- Sendero «Charco malo» (Cortelazor): Un sendero corto pero de extraordinaria belleza que conduce al caminante por un cañón encajonado hasta una recóndita poza natural rodeada de vegetación umbría, idóneo para comprender el valor ecológico de las redes fluviales del parque.
- Sendero de las Letras (Alájar): Famoso trayecto que une el núcleo urbano con el místico paraje de la Peña de Arias Montano, ofreciendo vistas espectaculares de la topografía kárstica caliza de la zona.
+ INFO sobre la oferta de Uso Público en el parque natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche:
- Ventana del Visitante de la Red de Espacios Naturales de Andalucía.
- Mapa Guía de Uso Público del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche
- Guía oficial del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche
¿Cómo acceder a este Parque Natural?
Para llegar a este espacio natural protegido contamos con tres grandes arterias de comunicación terrestre que actúan como «puertas de bienvenida»:
- El eje de la carretera N-433 (Acceso desde Sevilla y Portugal): Es la gran columna vertebral que cruza el corazón del parque de este a oeste. Si se accede desde Sevilla (a unos 90 km de distancia), se entra directamente por el municipio de Higuera de la Sierra, conectando de inmediato con Aracena, que funciona como la gran capital de servicios y principal punto neurálgico del entorno. En sentido inverso, esta carretera es la vía de entrada para quienes provienen de Portugal o del suroeste extremeño a través de Aroche.
- El eje de la N-435 (Acceso desde Huelva y Badajoz): Esta carretera nacional atraviesa el parque de sur a norte, conectando de forma directa la capital onubense con tierras extremeñas. Ofrece una puerta de entrada magnífica en su nudo central, permitiendo un desvío inmediato hacia Jabugo (epicentro de la cultura gastronómica de la zona) y Almonaster la Real, ideal para los viajeros que suben desde el litoral onubense o bajan desde Extremadura.
- El acceso nororiental (desde la Autovía de la Plata A-66): Para los que viajan desde el norte de Andalucía o el interior de la península, las carreteras autonómicas que parten desde Santa Olalla del Cala ofrecen una entrada directa y de gran belleza paisajística que serpentea hacia municipios elevados como Cumbres Mayores o Cala.
Desde tiempos de Maricastaña
El 1 de noviembre, coincidiendo con la Fiesta de Todos los Santos, se celebra en muchas localidades de la Sierra de Aracena la fiesta de la castaña, conocida por estos lares como «El Calbote». Los vecinos y visitantes se reúnen en las plazas de los pueblos alrededor de hogueras encendidas para asar las primeras castañas de la temporada que se acompañan con vino del terreno, chacinas ibéricas de la sierra, pan candeal y dulces caseros.
El castaño, cuyo nombre científico es Castanea sativa, es un árbol corpulento que llega a alcanzar los 35 metros de talla con porte regular, derecho, majestuoso. Posee un sistema radical muy desarrollado. Pertenece a la misma familia (Fagáceas) que los robles y las hayas. Ni el castaño de Indias, del género Aesculus, tan común en nuestros parques y plazas (denominado así por producir frutos de apariencia similar pero que no son comestibles), ni el llamado castaño de agua (Eleocharis dulcis), que pertenece a la familia de las Ciperáceas, están emparentados con nuestro castaño europeo.
La corteza es lisa y delgada, verde-parduzca en los ejemplares más jóvenes y luego se espesa y se resquebraja en los más viejos pasando a gris-parduzca. Sus hojas son simples, alternas y con marcescencia otoñal. Los bordes foliares tienen diente de sierra y la nerviación es pinnada muy regular. Glabrescentes o pubescentes (sin pelos o con pelos finos y suaves), en el envés. El fruto está encerrado en una cúpula, conocida como erizo, primero verde y luego se vuelve amarillenta y parda. Florece en mayo-junio. La polinización es anemófila (por el viento) aunque colaboran los insectos. En los meses de octubre y noviembre se produce la dehiscencia de los frutos llamados castañas (las tempranas se conocen como migueleñas y las tardías como sanmartiniegas por producir los frutos en torno a estas festividades).
Del nombre científico, Castanea, que viene del latín, derivan los nombres en muchos idiomas: castaño, castanyer, castiñeira, gaztaña, castagno, chataignier, incluso el alemán (kastanie) y el árabe (kostal). Puede que los romanos tomaran el nombre del griego kastanion, por ser un fruto que se recolectaba en la ciudad de Kastania; sativa hace alusión al carácter de comestible, que se cultiva. El castaño fue empleado tradicionalmente como base alimentaria por la población campesina, tanto mediante el consumo directo como en diversas recetas gastronómicas, y también como alimento para los animales domésticos (fundamentalmente cerdos), pero perdió su lugar de importancia en la dieta europea con la llegada de la patata de América a partir del siglo XVI. El papel alimenticio que tenía la castaña era tan importante que en algunos lugares, como en el interior de Galicia, durante mucho tiempo, se le siguió llamando castañas (marinas-de ultramar) a las patatas.
En la provincia onubense el castaño tiene actualmente una gran importancia económica. Además del consumo del fruto, la madera de sus árboles forma parte de la arquitectura popular, pero también se usa para carpintería y ebanistería. Los brotes jóvenes, se han utilizado tradicionalmente también para los aros de tonelería.
La castaña puede consumirse cruda, aunque también cocida o asada. En los últimos años se están recuperando variadas recetas que utilizan este fruto como base, sopa de castañas, potaje con setas y castañas así como purés y pastas. Pero sobre todo se está empleando mucho la castaña para postres deliciosos que se suman al marrón-glacé de origen francés, tales como flanes, cremas o tartas que combinan con múltiples productos, con lo que se aumenta enormemente el valor energético de las castañas.
Durante mucho tiempo se ha considerado por los historiadores que la llegada de los castaños a la Península Ibérica se produce con los romanos. Es cierto que desarrollaron los injertos y otras tecnologías de cultivo, extendiendo esta especie por todo el imperio. Usaban la madera para la construcción y empleaban el árbol para el teñido de fibras y tejidos. Al parecer no le tenían gran aprecio a sus frutos que desechaban por las dificultades de digestión. Pero investigaciones recientes han encontrado polen y restos de carbón de castaño en el centro y norte de España muy anteriores a la conquista romana. En todo caso, fue en la Edad Media cuando tuvo una gran extensión, principalmente a través de los conventos que promovieron variedades más valoradas gastronómicamente. En muchos lugares posteriormente se produjo el asilvestramiento o naturalización de los castaños.
¿Sabias qué…?
La expresión ¡toma castaña! es una exclamación que se utiliza para expresar sorpresa por algo bueno o por algo malo. Dar la castaña tiene el mismo significado que dar la vara, dar la paliza (figuradamente). Por su parte sacar las castañas del fuego se utiliza para indicar que se saca a alguien de un apuro.
La expresión en tiempos de María Castaña (o Maricastaña) se refiere a una época antigua ya que María Castiñeira fue una mujer del siglo XIV de la que se sabe en realidad muy poco, aunque se cree que fue la cabecilla de una revuelta contra la iglesia por los abusivos tributos que el obispo de Lugo, Fray Pedro López de Aguiar, cobraba a través de su mayordomo y recaudador, Francisco. El propio Cervantes utiliza esta fórmula de referencia temporal para referirse a un pasado muy lejano, «… en tiempos de Maricastaña, cuando hablaban las calabazas».
Si te ha gustado este artículo, encontrarás más contenidos interesantes en nuestra sección Ocio y tiempo libre.
Y te invitamos a ver nuestros anteriores números de EnRed@2.0.

