Prevención de la violencia sexual a menores

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En este audio te ponemos al tanto del trabajo de quienes previenen la violencia sexual a menores y los problemas a que se enfrentan. Una labor dura a la vez que ilusionante.

Entrevista realizada a Rosalía Serrano Risueño, coordinadora del Programa de Evaluación, diagnóstico y Tratamiento de Menores Víctimas de Violencia Sexual en Jaén.

Transcripción de la entrevista

Realizada por Antonio María del Valle Ojeda, pedagogo-asesor técnico del Servicio de Prevención y Apoyo a la familia en Jaén.

¿Puede describir brevemente en qué consiste el Programa de Evaluación, Diagnóstico  Tratamiento de Menores Víctimas de Violencia Sexual?

Este programa consiste en poder atender a menores de los que se sospecha que han podido ser víctimas de violencia sexual. En un primer momento lo que se hace es la valoración de la sospecha y una vez que se determina que esa sospecha ha podido haber ocurrido, y en el caso que se vea la necesidad de intervenir, se inicia el tratamiento.

El programa va dirigido a menores de edad, entre tres y dieciocho años, y es un programa totalmente gratuito.

¿Qué diferencias existen entre la fase de Evaluación y Diagnóstico y la fase de Tratamiento? ¿Todos los/as menores deben pasar por ambas fases?

La fase de evaluación va dirigida expresamente a saber si la sospecha de la posible violencia sexual se cumple o no se cumple. Para ello, realizamos un estudio donde valoramos diferentes indicadores, así como lo que cuenta el menor y la familia. En caso de ser compatible toda esta información con ser víctima de violencia sexual, entonces se confirma la sospecha. Si nos quedamos en este punto porque no hay necesidad de intervenir con el menor,  significaría que en el proceso anterior se ha visto que no existe sintomatología por lo que ha ocurrido.

En el tratamiento, por su parte, lo que se hace es intentar trabajar para que, en caso de que se haya confirmado la sospecha de abuso, el menor, asimile de forma adecuada esa vivencia. Esta intervención va dirigida tanto al menor como a su familia.

Por tanto, hay menores que pasan por Evaluación y no pasan por Tratamiento. Y también hay casos que pasan directamente a Tratamiento porque han sido derivados por un profesional que ya ha confirmado la veracidad de la sospecha.

¿El estudio al que haces referencia está protocolizado, está homologado del alguna forma?

El estudio al que me refiero que se llama “Valoración del testimonio”, es una técnica “SVA”, que parte de una hipótesis en la cual se ve claramente, y está avalada por la comunidad científica, que un relato inventado o un relato inducido es diferente a un relato de algo que se ha vivido.

Lo que hacemos es sonsacar toda la información posible del recuerdo que tenga el menor, posteriormente, ese relato se analiza y se observa qué criterios cumple y cuáles no. Según el número de criterios cumplidos y según sea el relato, podemos valorar si ese testimonio es más o menos creíble.

¿Cómo se accede al Programa? ¿Qué personas o entidades pueden realizar la derivación al mismo?

Al programa, como no se accede, es de manera particular. Es decir, un padre, una madre, un familiar que sospeche que un/a menor ha sido víctima de abuso no puede dirigirse directamente a nosotros, tiene que hacerlo a través del Servicio de Prevención y Apoyo a la Familia que es el organismo que canaliza toda la demanda, tanto de Servicios Sociales, equipos de tratamiento familiar, policía, etc. Y, por tanto, la manera de acceder es esa, a través de un recurso público al que puede ir la familia manifestando que tiene esa sospecha, y ese recurso público se pondrá en contacto con el Servicio de Prevención y Apoyo a la Familia que serán los que deriven, o no, el caso al Programa.

La demanda puede proceder de Sanidad, ya sea centros de salud, hospitales, unidades de salud mental, o puede provenir por parte de los Servicios Sociales o de los equipos de tratamiento familiar. También por parte de Educación, de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, de Juzgados de Instrucción (una gran parte de las derivaciones vienen de estos organismos), o bien Fiscalía de Menores.

¿Qué requisitos se deben cumplir para poder acceder al Programa?

El requisito, si es para evaluación, es ser menor de edad, mayor de tres años, del que se tenga la sospecha que ha podido ser víctima de algún tipo de violencia sexual. Si existe la sospecha debe haber sido comunicada y que esa sospecha tenga la suficiente fortaleza como para realizar una valoración del menor. Si la sospecha es débil, lo que se intenta es canalizar la situación para ver qué otras actuaciones se pueden realizar con esa familia, pues en ese caso no se derivaría al programa. Si la sospecha tiene la suficiente fortaleza, entonces el caso si se derivaría al programa.

Resumiendo menor de edad, con sospecha de abuso.

Para la derivación a tratamiento, tiene que haber al menos una confirmación a nivel psicológico, sino a nivel judicial, de que ha existido la sospecha y, por otro lado, que el menor presente sintomatología.

¿A quién hay que comunicar la sospecha de la presunta violencia sexual?

Hay que comunicarlo a la autoridad competente, bien a Fiscalía, bien a la Policía o a la Guardia Civil. Aclarar que tiene que haber una comunicación, que no es igual que una denuncia, es decir, lo que hay que hacer es informar de aquello que la persona tiene conocimiento.

¿Cómo advertimos cuando un/a menor ha podido ser víctima de algún tipo violencia sexual?

Los menores que puedan estar siendo víctimas de violencia sexual pueden presentar ciertos indicadores y también hay algunos que no presentan ningún indicador, por ejemplo, en el caso de que sean muy pequeños o que no sepan muy bien lo que le está ocurriendo, pues lo ven como un juego, como una experiencia nueva, pero no presentan ninguna problemática.

Advertir que un menor está siendo víctima de abuso es complicado porque los cambios que puede presentar su conducta también pueden ser atribuibles a otro tipo de problemas, por ejemplo, que esté siendo víctima de bullying en el colegio o el instituto, que los padres se hayan separado, la muerte de una persona cercana. Es decir, son cambios que son comunes a otro tipo de problemática que puede haber.

Hay otro tipo de indicadores que pueden hacernos estar alerta, como por ejemplo, en los casos de niños más pequeños, las conductas sexualizadas no acordes a su edad, como que reproduzcan algún acto sexual o que obliguen a otros menores a realizar determinadas prácticas sexuales.

Pero el indicador más potente es que el menor revele que ha sido víctima de abusos. Porque los indicadores físicos que son aquellos en los que, por ejemplo, una niña pequeña presenta desgarro en el himen, o un menor presenta una fisura anal, no suelen aparecer porque la mayoría de los abusos no dejan huella física. Por tanto, lo que más encontramos son indicadores psicológicos y, dentro de eso, el más fiable es la revelación del abuso por parte del menor.

¿Qué debemos hacer si conocemos de una posible situación de violencia sexual a un/a menor?

Lo primero que tenemos que pensar es ¿qué es lo que nos está haciendo sospechar que un menor está siendo víctima de violencia sexual? A partir de ahí podremos actuar, porque cada persona tiene un filtrado diferente para todas las experiencias. Hay gente que ven que su hijo les ha enseñado sus genitales a otro niño y piensan que le ha pasado algo, cuando puede ser una conducta totalmente normal para su edad. Y, sin embargo, hay personas a las que su hijo le cuenta que le han pasado ciertas cosas y piensan que son fantasías del niño o la niña.

Pero si tienes la sospecha de que un menor está siendo víctima de algún tipo de abuso, lo mejor es comunicarlo a alguien para ver si esa sospecha es certera o no lo es y, sobretodo, para que te oriente de cómo puedes actuar para comprobar si el menor está siendo, efectivamente, víctima de violencia sexual.

Si aparece la revelación de la que hablabas, si un/a menor nos confiesa alguna situación de abuso y/o agresión sexual, ¿qué actitud debemos mantener?

Los dos pilares básicos son protección y apoyo, independientemente de lo que tú pienses o de lo que creas, desde tu punto de vista, que lo que te cuenta el menor es o no posible. Si un menor revela algo así es que algo está ocurriendo, puede que sea violencia sexual, pero si no es así, habrá que ver que le ha llevado al menor a decir esto. Por tanto, esa revelación hay que valorarla y hay que estudiarla.

Protegerlo es, si te está diciendo que una persona le está haciendo algo, hacer lo posible para que no vuelva a tener contacto con esta persona, y apoyarlo es estar a su lado, intentar desculpabilizarlo, que sienta que puede contar contigo, independientemente de lo que tu creas.

¿Hay algún tipo de menor más susceptible de ser víctima de violencia sexual?

Sí que lo hay, de hecho un menor por el hecho de ser menor ya es vulnerable y dentro de los menores, aquellos que tienen problemas de comunicación, aquellos que tienen alguna discapacidad, los menores con carencias afectivas, o que pasan mucho tiempo solos, son menores más susceptibles de pasar por esta situación.

Los que presentan discapacidad, por ejemplo, los que no se pueden comunicar, pues son lógicamente más vulnerables porque no pueden expresar lo que le está ocurriendo, y pueden ser más elegidos por los agresores.

Por su parte, los menores con carencias afectivas son más susceptibles porque son más fácilmente “ganables” precisamente por esa carencia, porque contrariamente a lo que se piensa, lo que más suele ocurrir no es que un menor esté en el parque y venga un adulto se lo lleve y abuse de él, sino que el agresor suele formar parte de su entorno. Entonces el agresor lo que hace es ganarse al menor en base a la afectividad y luego ya viene la sexualidad.

A veces, menores que tienen bajos recursos económicos, asociados a esa carencia afectiva, son también muy susceptibles, y la estrategia que el agresor lleva a cabo es la de comprarle cosas, darle dinero, hacerle regalos, por este motivo estos factores son un caldo de cultivo que  hace a estos menores más propicios a ser víctimas de violencia sexual.

¿Es posible prevenir la violencia sexual? ¿Podemos hacer algo como padres, madres, como educadores para prevenirla?

Es importantísimo la educación afectivo-sexual, importantísimo, y se debería dar desde que son pequeños porque con la sexualidad nacemos, somos seres sexuados y debe darse de manera transversal a lo largo de todos los periodos evolutivos.

Por una parte, es cierto que el entorno, la familia, debería fomentar esa educación afectivo-sexual, pero ésta debe ser reforzada totalmente, desde mi punto de vista, por la Educación Formal. Es decir, debería haber, igual que de inteligencia emocional, una asignatura de educación afectivo-sexual. Recalcando que es afectivo-sexual, porque no podemos hablar sobre prevención de abuso sexual sólo bajo el punto de vista de la sexualidad, pues si la primera toma de contacto de un menor para hablar de prevención de abuso es asociar que existe el abuso en la sexualidad, eso le da una imagen muy negativa de la misma. Entonces, lo primero que se tiene que trabajar es el área afectiva, que se conozcan ellos mismos: sus emociones, sus sentimientos, lo que sienten, lo que no, lo que les emociona, lo que les gusta, lo que les disgusta, y luego ya hablar sobre la sexualidad y por último sobre la prevención del abuso.

De todas maneras, yo estoy de acuerdo con Félix López, (Catedrático de Filosofía de la Universidad de Salamanca y autor, entre otros, de varios libros de prevención de abuso sexual a menores) cuando dice que le otorgamos mucha responsabilidad a los menores en la prevención de abuso y la capacidad del menor de prevenir ese abuso. Él dice que más que prevenir el abuso, lo que hay que prevenir es la reincidencia del abuso, es decir, hay veces que los menores, al igual que los adultos, no pueden prevenir ser víctimas de abuso sexual, pero sí pueden prevenir que sea reiterado, conseguir que se rompa el silencio desde la primera vez que ocurre. Para mí eso es muy importante, porque es verdad que muchas veces cargamos la responsabilidad en el menor de que sean ellos los que detengan la situación de abuso, y a veces no pueden. Por tanto, es importante conseguir, sobretodo, romper el silencio, si te ocurre porque te ha sobrevenido, te han sucedido circunstancias que te han sobrepasado, porque no has podido evitarla, es comprensible, pero cuéntalo, dilo, para que se te pueda proteger.

En definitiva, sí se puede prevenir con educación afectivo-sexual, y sobretodo, evitar que no se reincida en el abuso.

¿Para que esa revelación suceda, a parte de la educación afectivo-sexual, debe de haber también un clima de comunicación y confianza entre el niño y los padres?

Fundamental, eso es fundamental, que exista esa dinámica en que la comunicación esté basada en la confianza y que los menores sepan que pueden contar todas sus cosas… Siempre hay que prestar atención a los niños, si ellos te cuentan algo que para ti es banal, que no tiene importancia y no le escuchas, si ven que no les escuchas en algo así,  van a pensar que tampoco le vas a escuchar cuando cuenten algo importante. Sobretodo porque hay niños que si les pasa algo van a pensar que ellos son los culpables, porque cuando nos cuenta algo un niño tendemos a regañarle, cuando lo que hay que hacer, es por un lado reforzarlo y decirle “me alegro de que me lo hayas contado”, y luego analizar la situación con ellos y ver qué es lo que podían haber hecho en vez de lo que han hecho en realidad. Si fomentamos esta manera de comunicar, aumentaremos la posibilidad de que el niño nos vaya contando todo lo que le vaya ocurriendo, y entre esas cosas, la violencia sexual.

Por último ¿Qué les dirías a los progenitores de un menor que ha sido víctima de violencia sexual?

Lo primero que les diría es que los niños no tienen la visión de un adulto, es decir, para un adulto lo peor que le puede ocurrir a su hijo, o a un niño en general, es que sea víctima de violencia sexual, sin embargo para el niño no, porque depende de muchísimas circunstancias. De tal forma que hay casos en los que nosotros no trabajamos con los niños cuando pasan a la fase de tratamiento, sino que trabajamos con la familia, por un lado para que ellos se sientan mejor y por otro para que no traten al menor como víctima. Esto es un trabajo fundamental porque ya todo lo que le pasa al niño lo relacionan con que el menor ha sido víctima de abuso, cuando a lo mejor la conducta del menor no tiene nada que ver. Lo que solemos decir es que tu hijo sigue siendo tu hijo, el mismo niño de siempre, que ha pasado por esta situación, por esta circunstancia, que ahora estará así, pero que podrá estar de otra manera en el caso de ser aceptado. Sobretodo que se quiten las gafas de “mi hijo es víctima de abuso sexual”

Otros consejos que solemos dar a los padres es que no lo sobreprotejan que le escuchen cuando hable del tema, pero que no le pregunten sobre lo que le ha ocurrido, que cuanto más normalizada sea la vida del niño después de la situación de abuso, mayor probabilidad de recuperabilidad tendrá. Por tanto, no hay que tratarlo diferente, no hay que estigmatizarlo, puesto que el menor que ha pasado por la situación de abuso no lo ve tan grave como el propio adulto, y  si nosotros le damos esa visión negativa de lo que ha pasado, el menor la va a incorporar a su pensamiento y va a sentir que es más grave de lo que él piensa. En definitiva, hay que normalizar, hay que estar a su lado, hay que apoyarlo y en el caso de que ellos mismos vean que les resulta difícil la situación acudir a la ayuda de un profesional que nos sepa guiar.

Para finalizar, ¿hay algo más que quieras decir?

Me gustaría comentar lo que supone trabajar en un programa así:  está por un lado, la parte personal y por otro la parte profesional. A nivel profesional requiere una especialización muy alta, mucha formación, la experiencia es muy importante y luego a nivel personal, debemos tener una capacidad de análisis muy grande y también, bajo mi punto de vista, cierta fortaleza porque es un trabajo muy específico donde día tras día y a veces en el mismo día cuatro o cinco veces tienes que escuchar diferentes historias de menores que han sido víctimas de abuso sexual, cada uno con su propia experiencia y su propia manera de vivirlo… historias que te conmueven y tú tienes que ser la roca a la que ellos se agarran, no puedes desmoronarte, y si es cierto que, en ocasiones hay historias que te tocan la fibra sensible y tienes que seguir ahí, seguir escuchando y ver como el menor se derrumba, se viene abajo. Por otro lado, también a veces a la familia los ves tan afectados que llega un momento que te llega a afectar a ti misma, aunque tienes que intentar que no. Pero sí que a nivel personal a veces desgasta un poco.

Otras casos son muy reconfortantes, cuando ves como van saliendo adelante de la mejor manera posible, como vuelve a su rutina, que cada vez que viene está mejor, y sobretodo, cuando acompañan ese bienestar al proceso judicial, lo cual no podemos olvidar, porque para ellos es muy reconfortante y cura bastante una parte de la herida el que, a nivel judicial, te digan “Sí, te creemos, creemos que es cierto lo que estás contando”.

Por si alguien quiere dedicarse a esto, no solo a nivel de conocimiento y experiencia profesional, sino que también a nivel personal tienes que manejar una serie de habilidades y estrategias propias a nivel de resiliencia para poder desarrollar tu trabajo de manera eficiente.

Muy interesante Rosalía, muchísimas gracias por atendernos.


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