La profesora de parvulario (2018)

 

En este artículo te traemos una reseña de la película «La profesora de parvulario», dirigida por Sara Colangelo, ganadora a la mejor dirección del Festival de Sundance 2018, además fue premiada como mejor largometraje del Festival de Cine de Gijón en el mismo año.

Por Juan Pedro Aguilera Paris, tramitador procesal y administrativo de la Sala Contencioso-administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, sede de Málaga. .

Pocas veces una película dijo tanto con tan poco, y no porque aborde muchos temas sino porque con un breve relato señala con claridad el camino que hemos de seguir para solucionar la mayoría de nuestros problemas.

Sara Colangelo dirige una obra compleja en su sencillez en la que trata de dar importancia a los detalles, proponiendo la excelencia de la educación como la única salvación posible. Una obra concisa y modesta pero al mismo tiempo ambiciosa y perturbadora. Un guion bien diseñado y contenido en su perfección, al que tal vez se le pueda reprochar cierta lentitud que no obstante contribuye a acentuar la profundidad de la protagonista. Una película intimista que nos confiere una mirada trascendental y nos recuerda cómo la sociedad reprime sistemáticamente la creatividad, la curiosidad y el talento de los niños, y por supuesto también el potencial intelectual de los adolescentes y los adultos.

Es un remake de una película franco-israelí homónima de Nadav Lapid que se estrenó en 2014. La versión norteamericana está protagonizada por una estupenda Maggie Gyllenhaal, que da vida a Lisa Spinelli, una madre y profesora de guardería frustrada por su insuficiente destreza poética, cansada de su anodina vida y dolorosamente consciente de las lamentables consecuencias que sobre nuestro espíritu provoca el ubicuo e indolente materialismo que gobierna en gran medida nuestro mundo, especialmente visibles e hirientes para ella tanto en su clase de párvulos, un microuniverso que nos explica el futuro por el que ella apuesta, como en sus hijos adolescentes, adictos al móvil, superficiales o alejados de sus expectativas como madre.

Hay poesía en cualquier rincón, en un baño por ejemplo, solo hace falta una mirada que capte o invente esa poesía, cierto genio en el que la magia de las palabras logre fructificar, como en el pequeño Jimmy, alumno e imprevisto alter ego de Lisa, quien a pesar de no estar dotada para la escritura, o tal vez por eso, admira apasionadamente la poesía de su menudo alumno.

En este sentido, a pesar de lo que transmite la película, me gustaría subrayar que el talento no es normalmente algo congénito sino que debe construirse con el trabajo diario. Más allá del problema fundamental y desesperante de la carencia en nuestras sociedades de una educación crítica y sensible, que muy acertádamente destaca el guión, el mérito de este radica en su serena actitud provocadora y en su fuerza simbólica, en cómo oponen lo correcto y lo normalizado.

Compartimos el sufrimiento y la motivación de Lisa y nos sorprende su determinación de maestra mucho más allá de su oficio y de las normas elementales de convivencia. Lisa es el corazón y el cerebro de la película, lo es casi todo, un personaje muy bien construido, muy real y al mismo tiempo heroico, que no se limita a ser una ‘mujer virtuosa’ moralmente preocupada por la educación y la sociedad, sino que se enriquece con una conducta inusual y con otras cualidades más instintivas y egoístas, como su obsesivo rechazo a la mediocridad, su afán de talento poético, su necesidad de reconocerse en el genio del niño, la utilización de este en su propio beneficio, o incluso su deseo de reencontrar el amor o escapar de su monótona familia.

Los quince o veinte minutos finales son excepcionales, y la última secuencia es un colofón que resume dramáticamente la obra. Ella es la maestra que necesita nuestro mundo, una mujer cariñosa, serena, inteligente, comprometida y que sabe que el futuro de la Humanidad se decide en cada momento con ese mágico juego de palabras y sentimientos que nos enlaza a unos con otros.


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