ESCRIBIR: ENREDARSE, JUGAR O ENCRIPTAR…EL ENIGMA

Por Alicia López Tarrida.

Consejería de Educación. Monitora Escolar.

Escribir es dejarse llevar, como desde el principio se ha querido demostrar, en un enigma, en una Magia

Mientras la página esté en blanco, siempre habrá una esperanza, pero que no se demore el escritor en conjugar verbos y añadir palabras, que hay mil historias que contar deseando  atravesar el espejo que otros denominan La Nada. 

Desde niña he vivido rodeada de palabras, pronunciadas y no pronunciadas, leídas en  silencio o de viva voz, garabateadas, emborronadas, bien delineadas e incluso mancilladas  por algún tachón. 

En la casa de nuestra infancia, mis hermanos y yo leíamos como invitación a una rutina  establecida en el día a día de nuestros padres. Quizás por imitación o además porque se  nos inculcó, cada uno de nosotros aprendió que tras cada palabra había una entrega sutil  del que las componía: un querer darse, un querer compartirse, una invitación para viajar  más allá de las páginas y volcarse en lo real, aunque fuera inmaterial… y de ahí, dejar  plantada la semilla en la imaginación, perpetuando los brotes de la curiosidad y el  descubrimiento, que hasta la madurez siguen perfumando nuestra inspiración. 

Pero ¿qué se puede escribir en este tiempo en el que todo está ya escrito, en el que no hay  filtros, en el que las editoriales te asaltan con anuncios que truecan euros a cambio de un  determinado número de páginas, sin dar valor al contenido? 

Pocas historias serán elevadas ya a la fama sin que de por medio se hayan entablado  transacciones mercantiles que apañen el futuro prometedor de palabras sobre palabras, el  negocio vasto que se desata sin respetar un acuerdo: el compromiso del escritor para con  la/su palabra. 

Pero soy de las que confían y creen que las palabras contienen una magia, la sutileza de  un encargo, el saber escondido entre los espacios, un mensaje entre las líneas, aquello que  no se lee pero que se siente muy adentro, en la emoción, en el alma…ese misterio. 

Por eso yo te animo, a ti que me lees, a que me acompañes a través de la curiosidad y el  descubrimiento, esas simientes que florecieron nutridas por la savia de la imaginación,  con una invitación: ¿Vamos a ello? 

De aquellos años felices e inolvidables de mi dorada infancia, quedé presa por el verbo y  conjugué «escribir» de mil maneras locuaces, dando valor siempre a la fuente de la  inspiración, al atropello (a veces inusual) de las musas y al respeto, siempre presente, del  buen uso y la intención. 

Escribir es «enredarse», comprometerse sin forzar…la palabra no se da si la musa no  quiere prodigarse. Es una inercia, igual que respirar, y es que escribir es «no poder  evitar»…

EL CIELO DE…FRIDA. 

Hoy ha querido recibirme. Me aproximo a su cielo, un suculento borrón similar a  una acuarela multicolor, chorreante y llamativo, que huele a…tabaco. 

El aroma me indica que Frida se aproxima. Es sigilosa, juega a destrozar las nubes  a su paso y aunque su silueta aún se desdibuja, distingo esos dos puntos negros  bajo las cejas pobladas, similares a pinceles desgarbados, por el uso y por el  tiempo. 

De repente da un salto adelante. Me deja sin aliento. Es sorpresiva y audaz…yo  diría que «felina». No me atrevo a hablar. Me rodea y sus ojos se me clavan en la  nuca. Siento su aliento, su aroma, su desdén enfatizado por la forma que tiene de  contonearse. 

— Frida, yo… 

— ¡¡Calla!! — me grita, y detrás una carcajada sonora que retuerce los colores y  hace chorrear goterones que no sé dónde caen, pues no quiero mirar bajo nuestros  pies. 

— ¿Nos sentamos querida? — de repente se volvió amable. 

A una señal de sus cejas, sé que puedo comenzar la entrevista. 

Su mirada me cohíbe. Esa energía que emana es casi masculina, potente y cortante,  como el tabaco que fuma. Y a la par es voluptuosa, como las espirales que  ascienden en forma de humo. 

— Señorita Kahlo — ella sonríe — hace días que vengo intentando reunir el valor  necesario para estar aquí. Hace mucho que no vengo a este plano — Su sonrisa se  vuelve amplia, generosa. 

— ¿Te gustan mis cejas? — espeta — ¡¡No dejas de observarlas!!

Me pongo colorada. No sé dónde mirar en ese rostro, es cierto. Las cejas son tan  oscuras, están tan simétricas que parece como si ella misma las hubiera diseñado  en un alarde de perfección. 

— Me encantan, señorita Kahlo. Bien — carraspeo— estoy aquí para hablar de  su pintura. 

— ¡¡Bah!! ¡¡Qué aburrimiento!! 

Me siento desarmada. Bolígrafo y papel en mano y expresión bobalicona. — Hagamos una cosa — clava su mirada en mi mirada— ¡¡Pintemos!! 

— Pero Frida — expreso con confianza — me sentiré muy torpe ante su ingenio.  Me tiembla el pulso y…el entendimiento. 

— No te niegues. Observa este entorno, ¿acaso crees que es perfecto? 

Las paredes siguen chorreando color desde el silencio pero, los tonos cambian, se  tiñen de malva, de lilas y morados. Siento que todo se transforma, que algo va a  suceder en un momento dado. Es ese cosquilleo interno que me anuncia un arrebato  de magia. 

— ¡¡Atenta niña!! — en sus manos aparece un pequeño lienzo. Quizás de 20×10  cts. Jamás uso esas medidas pero Frida manda y yo, obedezco sin remedio. 

Me tiende pinceles que moja en las nubes. Me ordena que la pinte, que la  redescubra, ¡¡¡que la saque del olvido de la nada!!! 

Tiempo después, no sé cuánto porque aquí no hay medida, el retrato está esbozado. 

Lo toma de mis torpes manos y hace algo inesperado. Sus dedos se embadurnan de  blanco… y escribe una frase en letra cursiva: «… qué haría yo sin lo absurdo y lo  efíme…». 

El lienzo se le acaba. No ha calculado bien los espacios. No ha terminado la última  palabra. 

— ¿Eso crees insensata? — lee en mi pensamiento— Lo efímero es lo  inmanifiesto, la palabra inacabada. Tú no has venido hasta aquí a hablar sobre mi  pintura. Tú has venido a manifestarla. Y por eso, por eso yo…— titubea y yo abro  los ojos como platos — por eso yo…te doy las gracias.

Sonreímos. Reímos. Nos carcajeamos en este cielo de cuento donde Frida es un  torbellino de energía de colores y de rayas pigmentadas. Poco a poco se marcha,  se evapora, languidece, se escapa… 

En mis manos los pinceles, el lienzo… su mirada en mi mirada. 

Así es… porque Frida ES así. 

Escribir es jugar, fantasear, provocar, demostrar que cuando se escribe, se abren puertas  insospechadas… 

RESULTA QUE… 

Resulta que soy del Sur, andaluza,  

de padre «boquerón» y de madre «choquera». 

Resulta que me debo a una leyenda, 

que late en mi sangre fluyendo por mis entrañas,  

que pervive entre mis venas, que en mi hálito se exhala. 

Resulta que tengo orígenes como raíces que hienden en tierra,  

alimento para dar valor a mí tronco, a mi fruto y a mis ramas. 

Resulta que el flamenco subyace entre mis palabras,  

ese origen inhóspito que habita el descompás de mis palmas,  

en mi torpe taconeo, en mi desafino y mis ganas. 

Resulta que hay mundos en mi mundo… 

cantes, jolgorio, bulerías…jarana. 

¡¡Es Fénix que extiende sus alas!! 

Se abre una puerta…flamenco. 

¡¡Quiero atravesarla!! 

Escribir es encriptar…ocultar datos mediante una clave (vocales y consonantes) que  cada cual entenderá cuando llegue su momento vital, desvelando significados diferentes  según la madurez en la que nos desenvolvamos al leer… 

ESE MISTERIO… 

Podríamos navegar allá donde nadie descubrió terrenos, sin

mancillar la tierra, sin devastar los bosques, y nosotros… ¡los

pioneros! Podríamos volar ¡sabemos hacerlo! y ensayar piruetas

novedosas, reforzando nuestras alas en subidas y descensos. 

Podríamos descansar a la sombra del roble, en paisajes eternos, 

prados, valles, cimas, montes…bajo un mismo cielo. 

Podríamos dibujar los bocetos en cuadernos, 

compartiendo los colores mezclados con nuestros dedos. 

Podríamos contar eternamente aquellas razones que aquí nos

trajeron al jardín de las promesas, a esta escuela de pasiones, en

el valle de recuerdos… Y ser niños de nuevo…tú y yo, inocentes,

compañeros, sin complejos y decorar con colores los paisajes en

un lienzo. 

Un nuevo lienzo… que así sea, 

para ti y para mí. 

Escribir es dejarse llevar, como desde el principio se ha querido demostrar, en un enigma, en una Magia

Mientras la página esté en blanco, siempre habrá una esperanza, pero que no se demore el escritor en conjugar verbos y añadir palabras, que hay mil historias que contar deseando  atravesar el espejo que otros denominan La Nada. 


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