Consejo Editorial
Revista EnRed@2.0
Publicado el domingo, 18 de octubre de 2026
La idea surgió de forma casi natural en el primer encuentro del Consejo Editorial de la revista el pasado mes de enero en Cazorla, con motivo del primer encuentro del programa Embajadores/as del Conocimiento en el que este proyecto se enmarca. Nos acabábamos de conocer, y sabíamos que el legado que asumíamos era uno de los bienes más preciados de esta iniciativa con casi una década de artículos a sus espaldas. Pero una cosa teníamos también clara: el nombre de la revista había que cambiarlo.
Diez meses después, y a las puertas del décimo aniversario, podemos jactarnos de haber alcanzado muchos de los planteamientos propuestos: el rediseño de la portada, un número más del planificado inicialmente, un mayor alcance, unas normas de publicación más claras y un anuncio por correo más atractivo para todo el personal de la Junta de Andalucía. Pero el objetivo de cambiar nuestra marca no lo hemos conseguido.
«Enred@2.0: revista digital por y para empleado@s (sic) de la Junta de Andalucía». Este era el título con el que nació nuestra querida revista en su primer número, a comienzos del 2018. Entendemos la errata en el subtítulo: cada uno de los miembros de este Consejo Editorial ha cometido el mismo error al intentar buscar en Google el nombre de la propia revista que editamos: ¿Dónde va la arroba? ¿Antes o después de la a? ¿Y el 2.0? Otra cosa son los resultados que nos arroja la consulta: igual te ofrece un programa de La 2 de 2021, que otro de Canal Sur —que se sigue emitiendo—, que el de una película infantil de 2010. Pero es muy poco probable que apareciese nuestra revista. Eso sin pararnos a preguntárselo a Alexa, porque ¿cómo se pronuncia? ¿Enredadospuntocero? ¿O Enredarrobadospuntocero?
La elección de un nombre como Enred@2.0 fue hija de una era: la de comienzos del nuevo milenio, cuando pasó de ser simplemente el carácter que separaba el nombre de usuario del de su dominio de correo electrónico, a formar parte del escenario de ciudades pobladas de unos extintos cibercafés y locutorios plagados de arrobas en sus marcas comerciales, que en muchos casos vieron la posibilidad de usar este símbolo como marcador de género neutro. Luego vinieron las menciones en la también desaparecida red social Twitter (hoy X) –que también resignificó el uso del hashtag (#)– y su uso y extensión a otras redes. Pero, al igual que el uso de este símbolo como marca comercial ha prácticamente desaparecido en la actualidad del imaginario colectivo, también ha ocurrido lo propio con su irregular recurso lingüístico, desautorizado desde siempre por las instituciones reguladoras de la lengua, en favor del más socorrido recurso del lenguaje inclusivo.
Curiosamente, la función netamente técnica para la cual fue realmente creado este símbolo –separar usuario del dominio– fue la que nos causó los primeros quebraderos de cabeza como Consejo Editorial de la revista: al redactar el correo electrónico masivo con el que anunciamos cada nuevo número al personal empleado de la Administración andaluza, el editor del cliente de correo interpretaba el nombre no como un todo en sí mismo, sino como un formato usuario@dominio. Es decir, que cuando hacíamos clic sobre el nombre de la revista en este correo recibido, en lugar de remitirnos al nuevo número, nuestro Outlook, Thunderbird o el cliente de correo web interpretaba que queríamos enviarle un correo… a enred@2.0, donde «enred» es el nombre de usuario y «2.0» el dominio. Por fortuna, otra de las novedades introducidas por este Consejo Editorial fue la de cambiar el formato del correo masivo para facilitar el acceso directo a cada artículo de la revista sin tener que pasar por la portada, lo cual provocó que muriésemos de éxito y que nuestra web estuviera caída unas horas tras un primer lanzamiento. Pero esa es otra historia.
El legado que recibimos al tomar el relevo de quienes nos precedieron en la revista nos ha supuesto una gran responsabilidad, pero también el orgullo de haber cumplido con nuestro objetivo marcado de editar un mínimo de tres números al año –a los cuales se les suma el especial sobre evaluación del desempeño– e introducir toda una serie de mejoras con el fin de ampliar y consolidar nuestro público objetivo para ofrecerles contenidos de calidad e interés para el personal empleado público andaluz, pero también para el que algún día pueda acabar siéndolo.
Objetivos cumplidos y una tarea pendiente
Así, el cambio de denominación fue uno de los primeros objetivos marcados por el Consejo Editorial de la revista para este curso, entre los cuales se incluía también superar el mínimo de tres números previsto para este año. Otras de las novedades, que ya ha sido implementada en números previos, ha sido el cambio de formato del correo masivo enviado para notificar a los más de 20.000 funcionarios, funcionarias y personal empleado público de la Administración General de la Junta de Andalucía, así como la reordenación de secciones para mejorar el posicionamiento y ajustarlas al nuevo rediseño de la revista.
Desde el Consejo Editorial responsable de los cuatro últimos números llegamos incluso a plantear internamente una propuesta de cambio de marca durante el taller de cierre de proyectos KM, celebrado en la sede del Instituto Andaluz de Administración Pública (IAAP) el pasado 21 de septiembre. Durante la presentación, pudimos recoger el feedback del resto de participantes en el programa Embajadores/as del Conocimiento en esta edición 2026. Desgraciadamente, a pesar de la buena acogida generalizada del cambio de denominación propuesto, la medida tendrá que ser retomada por el Consejo Editorial entrante, correspondiente a la edición 2027 del programa. No obstante, varias de las valoraciones aportadas por nuestros compañeros y compañeras han sido incluidas en el proyecto final de rediseño.
Somos conscientes de que algo tan potencialmente traumático como el cambio de denominación de una marca consolidada, y a la que tantas personas le tienen cariño, requiere de más tiempo, análisis en profundidad y de una evaluación de riesgos sosegada. No es necesario esperar tanto como El País, que no le puso por fin la tilde a su marca hasta 2007, pero tampoco hacerlo de la noche a la mañana, como hizo Elon Musk cuando cambió el nombre a Twitter prácticamente tras su adquisición en 2023 (que pasó a denominarse X; un símbolo más peligrosamente ambiguo en internet que el de la arroba, si cabe). Esa es la propuesta y una de las tareas que le dejamos pendiente a quienes nos sucedan.
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