Áreas de Oportunidad y Ordenación del Territorio en Andalucía
PROPUESTAS PARA LA DEFINITIVA PUESTA EN MARCHA DE LA ORDENACIÓN DEL TERRITORIO EN ANDALUCÍA 323 Ahora bien, sin dejar de reconocer lo anterior, no se puede obviar cuál es el objeto de esta función pública, a saber, la vertebración, cohesión y equidad territorial. En este sentido, una de las mayores críticas que lleva incluso al rechazo de esta función pública por parte de los municipios, es precisamente la desigual situación que se produce cuando se planifica desde el punto de vista territorial un ámbito. Es frecuente que en el proceso de planificación territorial, y, debe insistirse, precisamente fundado en su visión supralocal y de primacía del territorio en su conjunto, tengan lugar importantes desequilibrios e incluso desigualdades entre los municipios integrantes del ámbito, lo que de antemano es contrario a los propios objetivos que persigue la ordenación del territorio. A modo de ejemplo, municipios en que por la presencia de determinados valores desde la planificación territorial se preserva buena parte del mismo, frente a municipios en que por presentar un carácter estratégico u otros factores considerados desde la propia planificación territorial, se posicionan en condiciones favorables para su desarrollo, incluso el hecho de localizar un AAO es visto, y así se ha analizado en otra parte del trabajo, como un desigual tratamiento intermunicipal. Y en este contexto, debe indicarse que inevitablemente para cumplir con su función, la planificación territorial es generadora de los referidos desequilibrios, igual que admitido lo anterior, es oportuno incidir en que ello es contrario a la propia finalidad de la ordenación territorial. Ahora bien, cómo solucionar esto parece el gran reto al que debe dar respuesta esta función pública en la actualidad. Y en este sentido, se entiende que una adecuada solución podría venir dada por la puesta en marcha de la gestión territorial, como etapa propia de la ordenación del territorio, diferenciada de la planificación territorial pero tomando aquélla como necesario sustento, para lo que es necesario una adecuada implementación de los instrumentos de planificación territorial que se materialice en la propia fase de elaboración del plan, con inclusión de previsiones que posibiliten su ulterior ejecución pero también viabilidad económica para lo que los planes deben ser realistas en sus propuestas, incluyendo mecanismos de concertación tendentes a lograr el compromiso de las diferentes Administraciones e incluso de los agentes y la ciudadanía con las propuestas pero también una adecuada valoración económica, los medios de financiación y, al menos, los compromisos de hacer frente a dicha financiación de las previsiones del plan. Junto a lo anterior, existen otro conjunto de cuestiones que han de quedar resueltas en la etapa de planificación para que la ordenación del territorio pueda alcanzar sus objetivos en la etapa de gestión territorial. Es esencial contar con mecanismos efectivos de seguimiento de los planes, capaces de adecuarlos a las circunstancias cambiantes y que posibiliten la preexistencia de instrumentos de planificación territorial actualizados. De igual manera, la gestión territorial ha de dotarse de
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