EL PODER DE LA CONVERSACIÓN II: UNA HISTORIA SOBRE GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO

Comunicación Gestión del conocimiento

¿Y si lo hacemos?

En 1962 un inglés y un francés comenzarían a reunirse para conversar sobre su trabajo y realizar un viaje por el conocimiento. Esos encuentros eran difíciles de entender para la mayoría, estos dos personajes tenían una praxis con relación a su oficio completamente diferente, una diferencia de edad considerable, aparte, ninguno de los dos dominaba el idioma del otro  y los separaban miles de kilómetros. 

El francés a pesar de su juventud era ya una figura consagrada en su oficio, y poca o ninguna ayuda necesitaba para realizar de una manera realmente solvente y creativa sus proyectos, era considerado un prometedor representante de futuro de su profesión.

El inglés a pocos años de retirarse se encontraba en el cenit de su carrera, numerosos proyectos daban cuenta de su éxito. Aunque como en innumerables casos en la historia, en ocasiones era infravalorado por sus congéneres que creían que éxito y genialidad no podían estar unidos y que su estilo era parte del pasado. 

Quizá por ello, colegas y críticos consideraban injustificada la gran admiración que despertaba el británico en el franco, y más aún, que fuera motivo suficiente para llevar a cabo estos encuentros transatlánticos. 

Compartir es vivir 🙂

El francés estaba convencido de la genialidad del inglés, no se conformaba solo con aprender de sus obras. A pesar de todo y de todos, decidió ponerse en contacto con el británico para establecer una serie de conversaciones sobre su oficio. Quería aprender a través de una experiencia vicaria, pero también compartir sus teorías y percepciones profesionales a través de los proyectos realizados por su admirado colega.

  El inglés poco o ningún interés podría haber mostrado ante la propuesta del joven, que a pesar de su pronta maestría mostraba la ilusión de un aprendiz, y el intercambio se podría antojar como injusto.

Sin embargo, hubo unas palabras del galo que emocionaron al inglés -mi admiración por usted no ha menguado en ningún momento; al contrario, se ha hecho más fuerte con el tiempo y ha evolucionado. Hay muchos profesionales que aman su trabajo, pero lo que usted posee es amor a la profesión, a nuestro oficio, y eso es de lo que me gustaría hablar con usted- la respuesta del británico llenó de ilusión al francés -su carta ha hecho brotar lágrimas de mis ojos, y me siento muy agradecido de recibir semejante tributo de usted-.

Y así, iniciaron sus encuentros.

Quien quiere entender, se entiende.

El idioma que en principio podría entenderse como una gran barrera no lo fue, el tiempo dejó de entender de futuro o pasado, y las diferentes sensibilidades que tenían respecto a su oficio tampoco fueron obstáculo para tratar los siguientes temas en torno a su profesión:

Las circunstancias que rodearon el nacimiento de cada proyecto del inglés,

la elaboración y construcción de los planes de acción,

los problemas que surgieron en su realización,

o la consecución de las expectativas en torno a sus proyectos y profesión.

 Las sucesivas charlas de ese encuentro intergeneracional se grabaron mediante un magnetófono, registraría más de 50 horas de conversación, dando respuesta en torno a 500 preguntas. Solo unas pocas apreciaciones del inglés quedaron fuera de esas grabaciones, la mayoría de las veces cuando el británico decía las siguientes palabras -te lo voy a contar, corta la grabación-.

El francés al finalizar este apasionante proceso, en 1966, materializó esas charlas en un libro del que siempre afirmó que: “es un libro del que no me considero autor, sino tan solo iniciador o, mejor aún, provocador”.

Los encuentros entre el inglés y el francés no terminaron con la publicación de ese libro o como una experiencia pasajera. Forjaron una amistad que se prolongó durante el resto de sus vidas, manteniendo correspondencia regularmente e intercambiando opiniones y consejos sobre los proyectos que emprendieron cada  uno a partir de ese momento.

Los resultados fueron inesperados.

Quizá lo que nunca pudieron prever los integrantes de estos encuentros, o quizá sí,  es que cambiaron de forma radical la forma de ver su profesión en sus coetáneos y en generaciones venideras.

Quizá no imaginaron, o quizá sí, como una serie de conversaciones planificadas, pero informales, se convirtieron en un punto de referencia por encima de documentos teóricos y manuales técnicos, y como despertaron vocaciones y pasiones en torno a su oficio.

 Y quizá, no se dieron cuenta de que en parte, fueron pioneros en relación con la gestión del conocimiento. Adelantándose casi 30 años a la puesta en valor del capital humano y la consolidación del conocimiento tácito, tan novedosas en las organizaciones hoy en día.

No somos tan diferentes.

Esta  es una historia más de gestión del conocimiento, en esta ocasión  protagonizada por los directores de cine, Alfred Hitchcock y François Truffaut. Y la obra literaria que dio lugar se tituló El cine según Hitchcock, publicación fundamental para cualquier cineasta o aficionado al cine, tanto por su contenido como por su puesta en escena, influenciando de forma determinante a directores como Martin Scorsese, Brian de Palma, David Fincher, Wes Anderson, Olivier Assayas, Kiyoshi Kurosawa, Peter Bogdanovich y muchos más.

Historias similares podrían estar (y están) protagonizadas por profesionales de otros oficios, en nuestro caso emplead@s públic@s, con un deseo de compartir su conocimiento y experiencias de su vida laboral. Este intercambio de experiencias y conocimiento es una forma de aprendizaje, una fuente de satisfacción tanto personal como profesional, y también pueden llegar a convertirse en una ayuda y referente para el resto de emplead@s públic@s, creándose nuevas historias de gestión del conocimiento. 

Incluso, aunque no seamos los actores de esos encuentros o historias, como decía aquel cineasta francés, podemos ser provocadores. En definitiva, seamos el incidente incitador que a través del intercambio provoque un cambio.

¡Y si lo hacemos! ¡Provoca el cambio!

El IAAP desde 2017 con su programa Embajadoras/es del conocimiento: lleva impulsando y provocando encuentros intergeneracionales para favorecer la transferencia del conocimiento y creando referentes; impulsando el uso del lenguaje digital y audiovisual para la consolidación y difusión del conocimiento; editando la revista EnRed@2.0, un lugar de encuentro y participación; así como, otros proyectos que surgen desde y para el emplead@ públic@.

Destapa el conocimiento

¡Participa!

 ¿Cuál ha sido la conversación de la que aprendiste más? ¿Conoces alguna historia de gestión del conocimiento?   Twittéalo con el  hashtag #ConversaciónyConocimiento 

¿Te interesa participar en los proyectos de embajadoras/es del conocimiento? Ponte en contacto con nosotros o deja tu comentario 🙂

¡Investiga!

¿Qué programas basados en el intercambio generacional se han desarrollado en la Junta de Andalucía? 

Proyecto Mentor    Proyecto Transfer 

Hablando de cine… ¿Cómo crees que muestran la gestión del conocimiento las siguientes películas? 

Descifrando Enigma(2014)                             La gran evasión  (1963) 

Figuras ocultas (2016)                                             Up in the air (2009)   


Imagen: Realizada con Canva; fotografía original, Dmitry Demidov

1 comentario sobre «EL PODER DE LA CONVERSACIÓN II: UNA HISTORIA SOBRE GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO»

  1. Me encantó leer esa historia, y más aún leer entre líneas el verdadero camino a emprender en Gestión del Conocimiento. Habría una forma muy interesante de provocar esos encuentros también en nuestra administración a través del IAAP, al estilo de las conversaciones del Banco de Sabadell en las que dos personas, frente a frente, conversan, y el vídeo de esos encuentros testimonia el momento mágico de la comunicación. Podrían ser conversaciones variopintas entre empleados públicos de todas las administraciones, a nivel autonómico, local, estatal, internacional, e incluso conversaciones entre personas del ámbito público y privado, entre gestores, usuarios, investigadores…etc..cualquier combinación sería de interés para reflexionar y sobre todo para conocernos, porque la clave de la amistad entre el joven francés y el senior inglés, es que decidieron conocerse para departir y compartir, se tomaron el tiempo de leerse, escucharse y comprenderse, y de la transferencia de sus ideas, nació ese mestizaje de aprendizajes que es el único revulsivo del cambio y de la innovación. Esa es la esencia y la finalidad de la gestión del conocimiento.
    Me hizo ilusión leer esta historia e imaginar lo que podría dar de si que cundiera el ejemplo.
    Muchas gracias.

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